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Largometraje veinte de un creador que hace décadas dejó de ser aquel Pedrito revoltoso de la movida madrileña, Julieta expone otra vez la pasión por el melodrama como género pero acumula otros condimentos afines al paso del tiempo, el abandono, la vejez, los accidentes trágicos, la enfermedad, la muerte. En efecto, Almodóvar expresa sus ideas buceando en la compleja relación entre una madre (interpretada por dos actrices en diferentes etapas de la vida) y una hija adolescente a través de idas y vueltas el tiempo, profundizando en los temas de sus últimas películas pero no recurriendo al nihilismo morboso de la seminal La piel que habito. Aclarado el posterior recreo de Los amantes pasajeros, necesario para salir de aquella carne no trémula sustituida por el afán de venganza de un especialista en la piel, Julieta es el retorno al melodrama familiar en donde se acumulan acontecimientos nada felices, referencias al pasado en plan otoñal y personajes que intentan solucionar sus vidas tomando decisiones extremas.

Ya se está muy lejos del llanto de Amanda Gris (en La flor de mi secreto) debido a un abandono de pareja y escuchando un bolero de Chavela Vargas a través un televisor. El mito Chavela solo aparece al final de Julieta, pero antes, en el recorrido de vida tumultuoso y trágico de Julieta (Emma Suárez y Adriana Ugarte, brillantes ambas), podía verse una foto de la cantante pegada en una pared. Almodóvar, en ese sentido, construye su propio altar de los muertos (como Truffaut en La habitación verde) en donde el pasado ya es un recuerdo lejano y la actualidad de los personajes, con cuentas pendientes y un presente frágil, requiere del reencuentro definitivo entre una madre y una hija.

juliLa narración agolpa un largo recorrido de vida, viajes en tren, cambios de vestuario de acuerdo a la moda, crecimiento profesional de la protagonista, amores que terminan en tragedia y otros que señalan cierta esperanza. Pero Almodóvar escarba su bisturí de cineasta con 66 años en cementerios, sanatorios y retiros espirituales, expresando su melancólica visión del mundo desde el compromiso terrenal y la decisión extrema. En ese punto, su ingeniería narrativa, perfecta y genial desde su frialdad expositiva, entra en crisis con los tópicos más sanguíneos del melodrama. Allí, en esa particular confrontación, Julieta justifica su clasicismo narrativo, ya que el relato opera desde la omisión del Almodóvar más reconocible y eficaz para el espectador con tal de inmiscuirse en un tono sereno, contemplativo, en donde las lágrimas –pese al sino trágico de la historia- aparecen neutralizadas por las decisiones sutiles que toma el director.

Si hasta un rostro fetichista como el de Rossy De Palma, a través de un rol secundario de peso dentro de la película, surge agrietado por el tiempo y afeado sin contemplaciones.

Con Julieta, Almodóvar mira al mundo desde el hoy, sereno y calmo dentro del género y cada día mejor cineasta, desafiando al aplauso fácil de sus fanáticos y seguidores incondicionales.

4ojookJULIETA
Julieta. España, 2015.
Dirección: Pedro Almodóvar. Con; Emma Suárez, Adriana Ugarte, Daniel Grao, Inma Cuesta, Darío Grandinetti, Michelle Jenner, Pilar Castro, Nathalie Poza, Susi Sánchez, Rossy de Palma. Guión: Pedro Almodóvar, inspirado en tres relato del libro Escapada, de Alice Munro. Fotografía: Jean-Claude Larrieu. Edición: José Salcedo. Música: Alberto Iglesias. Diseño de producción: Antxon Gomez. Duración: 96 minutos.

 

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