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Cada nueva película de Pedro Almodóvar, que se agrega a su extenso listado filmográfico, estimula no solo a recordar la obra del cineasta, sino que cada lanzamiento incita a un repaso que siempre resulta lúdico, dinámico, como si los films fueran piezas de un rompecabezas. Algunos fragmentos presentan una unión evidente, otros son como sectores de la imagen claramente diferenciados, como cuando separamos las fichas “cielo”, “árboles”, “casa” frente a esa imagen que promete armarse.

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Bastante se ha dicho sobre el plano casi profético que encierra su film anterior, La piel que habito (2011). Allí, Vera (quien antes fuera Vicente), lee en cautiverio “Escapada” (Runaway), el libro de cuentos de la canadiense Alice Munro, sobre el que está basado Julieta su última producción. Este tipo de estrategia ya la había utilizado anteriormente: la abuela fantasma, interpretada por Carmen Maura, en Volver (2006), hace un señalamiento al film dentro del film La mala educación (2004). Pero lo cierto es que Almodóvar no dialoga solo consigo mismo; en otras oportunidades hace sus recreaciones -comentarios- respecto de otros films, tal como lo había hecho en Todo sobre mi madre (1999), en clara articulación con la genial producción de Mankievicz, Eva al desnudo (All about Eve, 950).

lamalaSería bastante sencillo segmentar todos los films de Almodóvar en etapas porque infaliblemente hay, más que grandes temas divisorios, el delineado de ciertas marcas de estilo que van haciendo pequeñas incisiones que permiten trazar dichas etapas. De esta manera habría una clara unión entre Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980), Laberinto de pasiones (1982) o ¿Qué hecho yo para merecer esto? (1984), mientras que otra entre Matador (1986), La ley del deseo (1987), Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) o Átame (1990). Hasta se podría hablar de una etapa más profunda, dramática e introspectiva con La flor de mi secreto (1995), Hable con ella (2002), Todo sobre mi madre (1999), Carne trémula (1997), Los abrazos rotos (2009) entre otras.

laleyEsta segmentación tiene cierta lógica, además de ser casi cronológica. Sin embargo, sin desmentir esta segmentación, también aparecen trazados en cruce innegables tanto temáticos como estilísticos. Por ejemplo en su interés por la figura del “mal marido y padre” que culmina en una muerte indefectible: ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, La flor de mi secreto, Volver. Si pudiéramos aislar estos motivos almodovarianos sin duda los cruces comenzarían a atentar contra la periodización cronológica pero sin anularla totalmente.

VolverComo dijimos al comienzo, Pedro Almodóvar ha demostrado ser una gran realizador que nunca agota al espectador, aún cuando vuelve una y otra vez sobre los mismos temas -traición, muerte, homosexualidad, el peso de la iglesia, la “mala educación”, porque siempre tiene una aclaración más para hacer, demuestra que siempre se puede volver sobre lo mismo de manera diferente. Algo así como el formato de una espiral: se vuelve a pasar por el mismo lugar pero desfasado un nivel.

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