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La crítica, entendida como pensamiento que se establece sobre el pensamiento de otro, nace con la modernidad en el siglo XVIII. Por su naturaleza, el aparato crítico es funcional al mercado y a la Democracia. Aquí lo democrático no se entiende en oposición al mercado, como si fueran orillas contrarias de corrientes disímiles, sino mejor, como bordes de la modernidad que los engloba.

fabricaDesde un comienzo, la manera de ser de la crítica como la traductora de un mundo de objetos nuevos dirigida a que una clase social entendiera que podía apropiarse de esos objetos tanto material como simbólicamente, la hizo encajar perfectamente como una necesidad en el mercado del arte en todas sus disciplinas, tanto en la literatura como en las artes visuales, el teatro o el cine.

Es bien conocido que, al día siguiente de la primera función de cine en el mundo realizada en la ciudad de París en 1895, se podía leer en un periódico acerca de lo que se había podido ver en la pantalla, de cómo se movía el cuadro, del ruido que hacía el proyector o de cómo la gente había disfrutado, o no. Había nacido la crítica de cine.

PositifEfectivamente, la comprensión de un fenómeno absolutamente nuevo se debía hacer a través de una traducción, que también servía como promoción.

La obra moderna parece condenada al comentario. Y el comentario siempre construye un andamiaje de lenguaje propio, distinto al del objeto del que habla. Discurso + discurso en la selva de los signos del mundo, citando a Barthes. Signo como es, la crítica en general, o la crítica de cine en particular, necesita de otros: del conjunto que conforma la literatura, que le da ese andamiaje del que hablaba, del conocimiento de los códigos del lenguaje fílmico: no es lo mismo una toma que un plano, una secuencia que una escena, el relato no es la narración, el realismo es distinto al naturalismo y el signo no es el símbolo.

67458450Es decir: una critica debería estar bien escrita y debería usar los códigos correctos.

Ahora bien, aunque estos “saberes” estén acordados, generalmente están reutilizados o desutilizados, de lo que resulta una ruptura de ese acuerdo entre el lector y el crítico. Esos saberes tampoco hacen al crítico un elegido, idea de la que cuesta desprenderse. No faltan los gurúes que burlan ciertos comentarios, o gustos, o prácticas críticas publicadas en la web adueñándose de verdades absurdas.

Es que, en especial nuestra generación, los que empezamos a ver cine durante los años 80, asistió al momento en que el crítico de cine “serio” derivó en un twittero, en un self one man, y en el “cualquiera dice cualquier cosa”. La existencia de esa autopostulación de los opinadores sistemáticos le da a estos tiempos un carácter no solo diverso sino también caótico e inestable. Y el caos siempre genera confusión, pero resulta fascinante.

SightandSoundSon tiempos nuevos para la crítica. Asistimos a la transformación de aquel “viejo” comentario crítico (que también hoy podríamos catalogar de moderno) sobre el estreno del día de la semana publicada en el diario papel o escuchado en la radio por los “popes” de la crítica, y pasamos al comentario anacrónico de un joven “X” sobre la película “X” en la plataforma “X” (escrita o en mp3 o en video). Esas autopoéticas (de las que habla Boris Groys) que se lanzan al mundo con la posibilidad de ser leídos por cualquier integrante del globo o tal vez solamente por los responsables de la película.

saladeprensaMe gustan las nuevas herramientas (podcasts, rss, radios online, blogs, grupos de face), los cambios de paradigmas, los nuevos autores, las nuevas maneras de reflexionar sobre el cine.

Como verán, no hay desencanto sobre la crítica en este artículo, sólo un estado de situación y en todo caso un llamado para empezar a despuntar y analizar con más profundidad estos cambios a los que vamos asistiendo.

*Decana de la Facultad del Museo Social Argentino (UMSA). Directora del portal cultural Leedor.com Coautora junto con Raul Manrupe de los tres tomos de “Un diccionario de films argentinos”.

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