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Diego Gachassin y Matías Scarvaci dirigieron Los cuerpos dóciles (Mención especial en el Festival de Mar del Plata), un film centrado en el abogado penalista Alfredo Garcia Kalb y la práctica de su profesión, en donde los límites de la Justicia, sus grietas y dobleces no siempre están claros.

La crítica de Los cuerpos dóciles.

¿Cómo decidieron hacer un documental basado en el sistema penal bonaerense?
Diego Gachassin: Matías conocía a Alfredo, el protagonista. Vino con la idea de hacer algo con él y ahí empezamos a trabajar y ver nuestras posibilidades. También empezamos a investigar, leímos “Vigilar y castigar”, de Foucault. De ahí salió el título, es el nombre de un capítulo. Era la época en la que se hablaba del intento de cambio del código penal y en que había linchamientos.
Empezamos pensando en las diferencias entre lo que se estudia en Derecho y la práctica. De hecho, filmamos alguna escena en la Facultad de Derecho de la UBA, pero después el personaje de Alfredo ganó tanto peso y nos parecía tan rico que omitimos la parte académica. Nos parecía más interesante no bajar línea, aunque las cosas aparecían en la película, queríamos dejar líneas para la interpretación del espectador. Aparte, al ser un documental de observación, deja abierto al espectador las posibles conclusiones.
Matías Scarvaci: Yo soy abogado, además de actor y conozco al protagonista desde la época de la facultad. Se me ocurrió la idea, quería hablar del sistema penal. Me di cuenta de que había mucha teatralidad, mucho para contar. Alfredo en sí mismo es muy teatral, en él se condensan muchas capas, porque si bien es abogado -con todo lo formal de un abogado-, también hay mucha informalidad en él y en su forma de ejercer la profesión. Esa contradicción, de alguien informal en un mundo formal me pareció muy interesante. A Diego lo conocía por haber ya trabajado antes, le comenté el proyecto y ahí arrancamos.
Y al principio me interesaba hacer una ficción, no un documental. Tampoco me gusta catalogarlo como documental, de hecho nosotros ganamos el premio al mejor guión. Yo siempre empujé muchísimo para tener un relato que tenga todos los elementos de la ficción, si bien hay características objetivas del documental.

¿Cuáles son las diferencias de la Justicia argentina con otras partes del mundo?
MS: Yo creo que los países que no están plenamente industrializados utilizan el sistema penal para adoctrinar o manipular la marginalidad y en los países más desarrollados hay inclusión, salvo Estados Unidos. En donde haya desigualdad, va a haber delito, porque van de la mano. En la Argentina se elige recortar el código penal y el poder político -no el actual, sino el histórico- decide a quién perseguir y a quién no. No se educa a la policía para que investigue delitos penales económicos, se la educa para que corra a los “ladrones de gallinas”. El 80 por ciento de la población carcelaria de este país no había terminado el secundario al momento de cometer el delito. Y el delito, por otro lado, circula por todas las clases sociales, no discrimina. Sin embargo, la represión en este país apunta a las clases bajas. Yo tenía muchas ganas de hablar de eso como abogado y como ciudadano. Hay algo de mi idiosincrasia que tenía ganas de hablar de eso. Me parece que la película eso lo maneja bastante bien, lo cuenta de una forma sobria y respetuosa. Era fácil también caer en la demagogia, el tema es complejo. El que comete el delito no creo que sea completamente víctima, sino que también es victimario. Es más complejo que ponerse de un lado o del otro. La película no intenta dar una solución, sino plantear el problema y que quede en la mente del espectador.
DG: Hay países donde están cerrando cárceles. Acá, difícilmente se logre la reinserción de un preso mandándolo a esos lugares terribles, terminan saliendo con más bronca que con la que entraron. Casi todos los países del tercer mundo deben ser así, que la cárcel sirve más como castigo que para resocialización.
Ser pobre y ser negro acá es complicado. A pesar de que el delito ocurre en todas las clases sociales y aunque el delito de los “ricos” sea más grave que el de los “pobres”, las cárceles están llenas de pobres y casi ningún rico va a la cárcel. Me parece que es un problema social y de control social hacia cierta clase. La Policía persigue sólo a una clase, las otras cosas no se investigan, se tapan, se ocultan.

¿Cuánto hay de ficción en “Los cuerpos dóciles”?
DG: Por el tipo de puesta que tiene, un documental de observación puede verse como una ficción. Por otro lado, un abogado tiene mucho de actor, en un juicio el abogado está actuando. La película no está ficcionalizada, las escenas ocurrían y nosotros estábamos ahí para registrarlas. Obviamente, desde el momento en que uno elige un encuadre, que selecciona en el montaje lo que va a mostrarse, no deja de haber manipulación en un documental, pero es diferente a la ficción.
MS: Tiene una parte más parecida a la ficción desde cómo se construye el relato. Además, lo que es la vida de Alfredo es la parte más ficcionalizada, ahí había una escena construída. Son los hijos y los amigos de él, pero ahí hay una ficción. La parte privada de él es la parte más ficcionalizada.

¿Próximos proyectos?
DG: Estoy pensando en hacer un trabajo sobre agrotóxicos, me parece que es un problema al que le falta visibilización y que está afectando a todo el país. También estoy con una ficción que es una adaptación de un policial negro de Juan Sasturain, “Manual de perdedores”.
MS: Además de seguir actuando, escribí un guión sobre la guerra. Está vinculado más a las secuelas de alguien que estuvo en la guerra que en las cuestiones geográficas del conflicto. Todavía no lo empecé a producir, pero me encantaría seguir filmando.

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