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Un estreno local en sala comercial de una animación japonesa es una rareza o un acontecimiento. Como lo es en realidad el estreno de cualquier animación que no provenga de las habituales factorías americanas (Pixar/Disney, Dreamworks, Blue Sky, etc). Lo cual es curioso teniendo en cuenta que hay un fandom local numeroso y ávido de este tipo de material y, que obviamente, lo consume y mucho pero en otros formatos. El único realizador nipón que pudo romper esa racha con asiduidad es Hayao Miyazaki, quien logró un culto que trasciende el género y el nicho Otaku.

Mamoru Osoda viene peleando un lugar en el panteón de dioses y héroes del anime como lo son el propio Miyazaki, Katsuhiro Otomo (Akira, Steamboy), Mamoru Oshii (Ghost in the Shell), Isao Takahata (El cuento de la Princesa Kaguya) o el desaparecido Satoshi Kon (Paprika, Perfect Blue). Quizás su nombre no suene tanto pero no es un desconocido para el público local ya que su primer largo (en colaboración) Digimón, la película (2000) tuvo estreno comercial y todas sus últimas películas realizadas como autor integral se exhibieron aquí en festivales.

El niño y la bestia, su último film, toca temas que son comunes a otras de su películas como la familia, el crecimiento y el pasaje a la adultez. El protagonista, Kyuta, es un chico de la calle que accidentalmente se encuentra con un pasaje oculto al mundo fantástico de las bestias. Allí va a ser reclutado un poco a la fuerza por Kumatetsu, un enorme guerrero irascible y peludo, quien está buscando un aprendiz por razones que quizás sean las equivocadas pero cuyo resultado va a derivar, como es de esperar, en una relación que no es solo de maestro-alumno sino también de padre-hijo. La interacción que al principio es tirante y forzada se vuelve natural, un verdadero cariño empieza a surgir entre sus habituales peleas y empieza a borrarse la línea entre quien enseña a quien.

nino1Se trata de una historia de crecimiento pero también de sanación, ya que Kyuta es un chico lastimado por la vida con una carga importante de dolor y resentimiento. El mensaje que nos ofrecen es el de combatir la oscuridad en nuestro corazón y superar nuestro dolor y odio a través de la amistad y el amor. Suena terriblemente ñoño y efectivamente lo es. Sobre todo porque el mensaje en cuestión está bastante subrayado y declamado lo cual tiende a hacerlo un poco exasperante. Aquí se ve que quizás que el público potencial de este film en particular, a diferencia de los de sus colegas mencionados y de los anteriores del mismo autor, no maneja la posibilidad de dirigirse tanto a un público infanto-juvenil como al adulto. Se nota que el target apunta a una franja etérea más baja, que es a la que suelen estar dirigidas estas fabulas con enseñanza cuyos protagonistas ideales suelen ser los seres fantásticos y peludos.

Hay sin embargo algunos abordajes más complejos sugeridos. Como en The Wolf Children Ame and Yuki (2012) está la cuestión de qué es ser humano y la elección entre ser un humano y una bestia y que implica esto. Y como en Summer Wars (2009) hay un mundo real y un mundo fantástico y qué es lo que pasa cundo se rompen los límites entre uno y otro. Este mundo fantástico es el que brinda los momentos visuales más impactantes, donde se aprecia la sofisticación de la animación, el diseño de personajes y escenarios. Estos otros planteos y estos aspectos estéticos seguramente serán apreciados con más interés por los espectadores crecidos que las historias con moraleja.

EL NIÑO Y LA BESTIA
Bakemono No Ko. Japón. 2015
Dirección: Mamoru Hosoda. Voces originales: Kōji Yakusho, Shōta Sometani, Aoi Miyazaki, Suzu Hirose. Guión: Mamoru Hosoda. Música: Takagi Masakatsu. Edición: Shigeru Nishiyama. Duración: 119 minutos.

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