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La historia de vida de María Luz Carballo, una guitarrista y cantante de blues que en 1997, cuando era muy joven, eligió radicarse en Chicago para desarrollar una carrera en la meca del género musical que ama, es narrada en la película Pegar la vuelta (aquí la crítica), de Nacho Garassino, que se estrenó el jueves en el Espacio Incaa Km. 0 Gaumont, en un relato en donde se ponen en juego elementos como el desarraigo y la autosuperación.

En medio de anécdotas que recuerdan su infancia en el barrio porteño de Villa Devoto y su romance con Pappo, María Blues, como se la conoce en el ambiente musical, muestra su vida en Chicago, su relación con los artistas locales y el derrotero que atravesó hasta ser reconocida por sus pares.

“Me gustan las historias de vida. Todo relato habla del que relata. En ella, vi una excusa para hablar de muchas situaciones que a mí mismo me tocaron vivir”, reveló en diálogo con Télam el director, quien recordó que en la década del ’90 estuvo radicado en Barcelona por cuestiones laborales.

Y acotó: “Fue como mostrar mis temas a través de María Luz. Me gusta que las historias cuenten por ellas mismas. Lo que puedo ver mío en toda esta cuestión, que viví siete años en España, es esto de estar como en dos mundos: por un lado, está la patria, que llevamos adentro; pero por otro lado, somos inquietos y tenemos siempre la sensación de desarraigo”.

La decisión de realizar un documental basado en la historia de esta integrante de la “dinastía Carballo”, con nombres ilustres en la familia como “la tía Celeste”, los primos Lito y María Gabriela Epumer, y Lucio Mazaira; surgió de manera casi azarosa, según contó Garassino.

Cuando el director, quien además es un aficionado a la música y al blues en especial, concurrió a un festival de cine en Chicago para presentar su película “El túnel de los huesos”, comenzó a buscar lugares para escuchar bandas en vivo y, un amigo en común, le recomendó conocer a María Luz.

“Ahí empezaron a aparecer las anécdotas que, en la película, tratamos de resumirlas porque eran muchas. Pero también, estando allá, ella empieza a descubrir el tango y las raíces. Es como dice Charly García, hay que ir tan lejos para estar acá. Ella es un ser en transición, como nos pasa a muchos a veces”, sostuvo Garassino.

Entre los relatos que permiten entender por qué esta mujer, blanca, joven y argentina es aceptada en un mundo dominado por hombres negros de avanzada edad, se destaca el hecho de que “no se trató de una persona adinerada que se acercó al lugar para estudiar, sino que es alguien que armó un camino desde abajo”.

Ocurre que los primeros años de María Luz en Chicago fueron épocas de trabajo doméstico limpiando casas, de vivir en una casa habitada por gente que se dedicaba al delito y de no poder ingresar a los bares a escuchar música por ser menor de edad, entre otras cosas.

“Todo eso le granjeó la simpatía del ambiente musical de Chicago. Yo quise reflejar eso en el documental”, aportó el director.

Una particularidad de la cinta reside en la manera en que fue filmada, con cámaras pequeñas, lo cual permitió un registro más íntimo y ameno de muchas situaciones casi domésticas, y facilitó el acceso a muchos clubes de blues.

“Elegimos ese tono de diario, casi como un making off, porque era muy difícil armar toda la parafernalia, sobre todo en los lugares en donde tocan blues. Es como que se inhibían los músicos si armábamos demasiado el set. Además, María Luz es muy inquieta, muy difícil seguirla. Es como filmar a un leopardo en la selva”, graficó el director.

En tal sentido, comparó esta experiencia a la que solía realizar junto al fallecido periodista Fabián Polosecki, en el recordado ciclo televisivo “El otro lado”.

Ese tipo de recorrido permitió no sólo entrar en contacto con el mundillo del blues de Chicago, sino también con la intimidad de la familia de María Luz, en Villa Devoto, o en zapadas junto a reconocidos músicos locales como Miguel “Botafogo” Vilanova, el ex Ratones Paranoicos Sarcófago o Ciro Fogliatta, entre otros.

Sin embargo, la historia de vida de María Luz cuenta con un aspecto que es recordado por ella con mucho cariño pero que puede resultar polémico a los ojos y oídos de los espectadores: se trata de la relación amorosa que mantuvo con Pappo cuando ella tenía 14 años y el músico, 41.

A pesar de que la protagonista revela que en ese contexto tuvo su primera experiencia sexual, la cual se produjo en momentos en que estaba borracha, y narra los ataques de celos del músico de La Paternal, María Luz lo define como “el amor de su vida” y sólo le dedica buenos recuerdos.

“Yo relato al personaje, no juzgo, a pesar de que tengo una posición clara con eso y es que hay que cumplir con la ley. Ella estuvo de acuerdo con incluir ese relato en la película. Que cada espectador evalúe. Bienvenido el debate”, advirtió Garassino.

Publicado originalmente en Télam

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