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Anualmente se estrenan en la Argentina alrededor de 400 títulos, pero claro, hay muchísimas películas que no llegan a la cartelera pero que se pueden bajar de la web. Aqui, algunas recomendaciones que vale la pena buscar.

Las películas de Ben Wheatley

El cine británico tiene una larga historia de autores y películas de género, específicamente en el policial, el terror y la ciencia ficción. Un corpus considerable, con su tradición y sus características propias. En ese contexto ser considerado una promesa no es poca cosa y la corta pero interesante filmografía de Ben Wheatley le aseguró ese lugar que a esta altura ya es de promesa cumplida. Un lugar de referente del cine de género en la Britania del nuevo milenio que comparte, entre otros con Steven Moffat, quien vino a actualizar y revigorizar en la TV viejas glorias de la corona como Jekyll, Sherlock y Doctor Who, y con Joe Cornish, quien sorprendió con una original ópera prima, Attak the Block (2011), que mezclaba las invasiones alienígenas con el humor y el retrato social.

Ninguna de las películas de Wheatley tuvo estreno en Argentina pero varias de ellas merecen verse y pueden ser revisadas web mediante. La última de sus películas en estar disponible (mientras esperamos el inminente estreno, afuera claro, de Free Fire ) es la primera no basada en material propio, aunque escrita nuevamente junto a su colaboradora habitual, Amy Jump. Se trata de High-Rise (2015), adaptación de la novela de James G. Ballard, un autor que a pesar de tener una extensa obra en el campo de la ciencia ficción, con argumentos originales y llenos de posibilidades visuales, no fue muy tenido en cuenta por el cine. Apenas destacan del puñado de adaptaciones, la de su obra autobiográfica Imperio del Sol (1987), llevada a la pantalla por Steven Spielberg y Crash (1996), perteneciente al área más experimental de su autor, que le vino como anillo al dedo a David Cronenberg para seguir explorando sus obsesiones corporales en la búsqueda de la transformación de la mente y de la carne. Hay por otro lado toda una zona post-apocalíptica de la que ningún productor o director parece haberse enterado.

High-Rise es una novela de 1975 y pertenece al mismo período en temporalidad e intención que Crash. La acción se desarrolla casi en su totalidad en un rascacielos, una inmensa torre de vidrio y hormigón, que es espacio autosuficiente del exterior, con sus amenities, su estacionamiento, su piscina y hasta su supermercado propio. Y también su reglamento interno, que incluye de una manera (no muy) implícita la división de clases, un sistema tan caro a la tradición inglesa. Estas castas tienen sus representantes, encarnados por un lado en Royal (Jeremy Irons) suerte de administrador, dueño y personalidad destacada, que ostenta su lugar de privilegio en la escala con su influencia y su departamento con jardín terraza en el piso más alto, y por el otro en Wilder (Luke Evans), miembro de una clase media con aspiraciones, claramente disconforme con su lugar asignado en la pirámide. En el medio esta Lang (Tom Hiddleston), protagonista y testigo, recién llegado al edificio, aún perplejo por su dinámica interna, pero con una camaleónica capacidad de adaptación que lo hace deambular por pisos altos y bajos, entre privilegiados y postergados, y, como otros personajes de Ballard, dispuesto a dejarse llevar por el flujo de acontecimientos con la convicción de los conversos.

high riseHigh-Rise

El escenario está servido para la lucha de clases en versión propiedad horizontal. Digamos que las condiciones objetivas se van acumulando con desaires y humillaciones para aquellos a los que refriegan su no pertenencia. Esa revolución burguesa de consumidores y clientes insatisfechos tendrá su toma de la Bastilla en la toma de la piscina del edificio. Y de ahí en más el desorden, la venganza y la violencia. El caos y la locura que se desencadena en todos los niveles da pie a un relato vertiginoso, provocador, y a veces también confuso, que se vale del humor negro, recursos alegóricos y algunas secuencias oníricas. Estas últimas son frecuentes en los films de Wheatley, donde la mente extraviada de sus personajes se exterioriza en momentos alucinados.

Hay en principio una puesta fría y preciosista que tiene sus puntos de contacto con Crash de Cronenberg y también tiene como referente La naranja mecánica (1971) de Stanley Kubrick. Wheatley y Jump, además, toman una decisión que es narrativa, estética, y también ideológica. Sitúan la historia no en el mundo contemporáneo sino en unos hipotéticos años 70 (los de la novela, probablemente) que se adivinan por su estética y su tecnología, y que la ubican un poco en el plano de la ucronía (esa otra historia que podría haber sido). Es en ese contexto entonces donde la rebelión del rascacielos remite a los numerosos disturbios en la Inglaterra de fines de los 70, y donde las palabras en off de Margaret Thatcher que cierran el film dan la pauta de que la distopía apenas está por empezar.

Otras películas de Ben Whetley para ver:

kill-list

“Kill List” (2011)
Algo que caracteriza a las películas de Whetaley es la mezcla de géneros. Nunca más observable que en su segundo film. Comienza como un thriller policial donde un ex soldado no muy bien adaptado a la vida civil es reclutado para una serie de asesinatos por encargo y va cayendo en una encerrona que deriva en un climax de horror rural y ritos paganos que remite directamente a El Hombre de Mimbre (1973).

sightseers

“Sightseers” (2012)
No es que falte el humor retorcido en sus films, pero esta es propiamente su comedia negra. Una pareja de disfuncionales sociales se va unos días de camping por la campiña inglesa tratando de escapar al agobio de sus vidas. Las cosas no funcionan como esperaban hasta que el asesinato de otro turista les muestra por donde va la cosa. A partir de ahí, la pareja convierte sus vacaciones en un raid de crímenes que los vuelve a ellos mismos una suerte de Bonnie & Clyde con cero glamour. El humor negro es efectivo y brutal, y el cínico y desopilante final liquida cualquier posibilidad de romanticismo.

a field in england

“A Field in England” (2013)
La película más extraña y quizás más fascinante de su filmografía. Seis actores, filmada totalmente en exteriores, en blanco y negro, con pocos elementos y mucha imaginación. Lo que arranca como drama histórico, ambientando en el siglo XVII durante la Guerra Civil en Inglaterra, termina en un delirio de pura psicodelia avant la lettre que incluye la búsqueda de un tesoro, baladas tradicionales y el consumo de hongos alucinógenos.

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