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El 7 de septiembre de 1996 el ómnibus que trasladaba a Gilda, la consagrada cantante y compositora de cumbia de tan solo 34 años, muere en el kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12 camino a Chajari, Entre Ríos. Gilda iba de un show a otro en el momento fatal en que un camión, de patente brasileña, embiste el ómnibus en el que fallece además de la artista, su madre, su hija mayor, tres músicos de la banda y el chofer. Sabemos que al costado de la ruta, en el que ocurrió el impacto, se encuentra actualmente levantado un altar improvisado que sus seguidores fueron armando. Sin embargo, no es lo que ha dejado Gilda, como referente musical, como musa inspiradora de sus fans, como resto en una ruta, lo que le ha interesado a la documentalista Lorena Muñoz. La directora, por primera vez, decide hacer un film de ficción y para ello elige un personaje real y, salvo algunas pocas frases de archivo al comienzo de la película en la que se escuchan a periodistas informando sobre la muerte de la cantante, todo “documento” se encuentra (visiblemente) eliminado. Así, sobre la base de lo que alguna vez efectivamente fue, Lorena Muñoz construye una narración ficcional pero que debe mucho a una vasta investigación y, por supuesto, al acceso de los derechos de la historia de Myriam Alejandra Bianchi (Gilda), gracias al permiso de su hijo Fabricio Cagnin, sobreviviente del accidente.

Gilda, no me arrepiento de este amor, es un film muy prolijo con momentos impecables y con otros que se quedan a medio camino. Al ser un film cuya producción estuvo supervisada por familiares e implicados (los músicos sobrevivientes hacen de ellos mismos en el film o bien uno de los hijos hace de su padre fallecido en el accidente), no se encontrará aquí detalles demasiado oscuros sobre los obstáculos que la cantante tropical tuvo que enfrentar para, en principio, cambiar su vida de manera abrupta, y en segunda instancia, para sortear todas las trabas que la industria musical del momento le impusieron tanto a ella como a su productor Toti Giménez, quien además es quien “descubre” el talento en esta joven mujer de familia quien dedica sus días a ser madre y maestra jardinera.

Sin duda, una de las mejores apuestas de Gilda es la actuación de Natalia Oreiro quien logra recrear la mística que rodeaba a esta particular mujer -además de interpretar musicalmente sus canciones de manera impecable- y dramatiza a la perfección ese impulso irrefrenable por perseguir su deseo, aunque ni la propia cantante creyera que el éxito fuera viable. Gilda es la historia de una mujer que deja todo por la cumbia o, por lo menos, fuerza su existencia cotidiana lo más posible para que se adapte a ese amor por el canto, las giras, el escenario, el baile, y las polleras de charol y de leopardo. De alguna manera, y por ello es un film tributo cumplidos los 20 años de su fallecimiento, lo mejor del film no está dentro del film sino por fuera de él, en aquella que alguna vez fue Gilda y que ahora, gracias a la magia del cine, vuelve de entre los muertos para reencontrarnos.

gildaCuando Gilda compone “No me arrepiento de este amor” cree más en el fracaso que en el éxito, cree en lo que los productores le propinan: es demasiado flaca, es de Devoto, canta diferente, es demasiado romántica, no es Gladys la bomba tucumana, le falta una carga sexual, etc. A Gilda le “falta” pero sigue adelante y este es el sentido del no arrepentimiento de este tema, luego devenido éxito. Diferente es “Corazón valiente”, último disco, y el más exitoso, de la artista que la posiciona como un referente de la música tropical no solo en Argentina sino en Latinoamérica y que luego la lleva a firmar un contrato importante en México. Este disco, que Gilda graba pocos meses antes de su fallecimiento implica una victoria a conciencia. Gilda ya se sabe valiente. Pero el film de Muñoz no se trata de este saber sino justamente de ese impulso por el deseo “a pesar de” un posible fracaso. Porque la directora hace, de alguna manera, la misma apuesta en el documental sobre Ada Falcón (Yo no sé que me han hecho tus ojos): retratar el coraje de mujeres que dejan todo por un ideal. Aunque Ada Falcón haya operado a la inversa. Consagrada como una leyenda del tango, millonaria, sin vacíos aparentes, abandona todo para convertirse en una monja franciscana. Mientras que Gilda, en su austeridad de vida complaciente de madre y maestra, deja todo por su ideal.

Por supuesto, esto es una lectura y tal vez se puede recriminar que no está tan guiado en la narración de Muñoz. Pero es una interpretación posible y que de seguro sería más evidente si la directora hubiera realizado un documental sobre Gilda y no una dramatización sobre su vida. Desde ya no le hubiera asegurado un éxito de taquilla pero, quien sabe, tal vez hubiera sido más interesante, sin menos restricciones de supervisión, con más voces contrastantes. En fin, es lo que a mí me hubiera gustado ver, aunque por supuesto mi gusto es irrelevante.

Así y todo el film, manteniendo un solo punto de vista, logra avanzar y, de seguro, conmoverá a sus seguidores e intrigará a quienes no lo conocían tanto. Gilda expresaba: “no morir con las manos vacías”. Y creo que esa máxima es bien representada por Muñoz, tal vez, porque no es una representación nueva para la directora quien, a su manera, intenta hacer lo mismo con sus films. Ahora no solo me intriga Gilda sino también Muñoz, quien tal vez no lo hizo perfecto esta vuelta pero no tengo dudas de que es un corazón valiente.

4ojookGILDA, NO ME ARREPIENTO DE ESTE AMOR
Gilda, no me arrepiento de este amor, Argentina, 2016.
Dirección: Lorena Muñoz. Guión: Lorena Muñoz y Tamara Viñes. Dirección de arte: Daniel Gimelberg. Dirección de fotografía: Daniel Ortega. Montaje: Alejandro Brodersohn. Dirección musical: Guillermo Bereslak. Intérpretes: Natalia Oreiro, Lautaro Delgado, Javier Drolas, Susana Pampin, Roly Serrano. Duración: 118 minutos.

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