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Debe haber pocas cosas en el mundo que me atraigan menos que las discusiones sobre la crítica de cine. He participado de alguna, he estado presente en varias y no hay caso, inexorablemente en todos los casos me invade un profundo aburrimiento. Dado que algunos dicen que soy crítico de cine, esto no debería ocurrir, pero ocurre. A propósito de esto, siempre me consideré más un cinéfilo que un crítico, alguien a quien le interesaba más escribir sobre cine que reseñar películas; esto último me interesa cada vez menos, algo que seguramente está motivado por la insalubre cartelera de estrenos. ]

Por otra parte, no deja de asombrarme los consensos que se suscitan alrededor de determinadas películas, en mi opinión, generalmente irrelevantes. Basta leer el sorprendente sitio Todas las críticas para comprobarlo (leyéndolo uno recuerda la frase de Joseph Von Sternberg acerca de que no conocía ninguna persona que no fuera un experto crítico de cine). Es probable que algunos se indignen al leer estas palabras pero más me indigno yo cuando me ensarto con películas unánimemente ensalzadas y que terminan siendo un fiasco (mi nota Algunas decepciones, escrita después del último festival de Mar del Plata puede ser una buena guía al respecto para quien se tome el poco recomendable trabajo de leerla). El resultado de esto es que mis notas sobre cine resultan cada vez más escasas, mi visión de estrenos va en creciente disminución y mis ganas de ver o rever títulos clásicos son cada vez mayores.

Por cierto que, tratando de ser rigurosamente selectivo, sigo viendo películas, y cada tanto encuentro algún título que me interesa pero lo que no logro entender es la conversión de muchas películas de las que seguramente nadie se acordará dentro de diez años en “clásicos instantáneos”. En fin, las discusiones sobre la crítica seguirán, notuelas como esta continuarán escribiéndose, algunos seguirán creyendo que los críticos tienen influencia sobre la conducta de los espectadores pero ¿quieren que les diga una cosa? Creo que la principal razón por la que muchas personas nos dedicamos a la crítica de cine, más allá de las elucubraciones sesudas y grandilocuentes, es porque nos permite ver películas gratis.

* En sus ratos libres (que son muchos) escribe de cine en el blog Con los ojos abiertos (después de haberlo hecho durante dos décadas en la revista El Amante). En el site gratuito de este último ahora se dedica a comentar discos y conciertos.

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