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El director José Celestino Campusano estrena este jueves El sacrificio de Nehuén Puyelli (aquí la crítica), un trabajo que continúa con su impronta de realismo sucio, aunque ahora cambió el conurbano bonaerense por el racismo en la Patagonia, con cuchilleros y choques culturales dentro de un penal.

Como en sus anteriores filmes, el realizador de Vil romance echa mano a actores sin trayectoria y poco cartel “porque el peso lo tiene que tener la historia”, según dijo, a la vez que resaltó el papel que jugaron las comunidades y los asistentes sociales para el armado de la cinta que pasó por la competencia latinoamericana del último Festival de Cine de Mar del Plata.

En El sacrificio…, Puyelli (Chino Aravena), un curandero mapuche, es encarcelado por el ejercicio ilegal de la medicina, causa instigada por una corrupta y racista mujer blanca de clase alta, madre de un joven que tuvo un amorío con el denunciado.

Una vez dentro de la cárcel, el pacífico Nehuén Puyelli debe entablar alianzas y acuerdos con un sector de los reclusos, para evitar que un grupo de violentos recién llegado le haga pasar un calvario durante la espera del juicio.

Allí, este guión que presenta mil ribetes demuestra cómo las diferentes historias se van uniendo con los conflictos que desde el interior del penal se trasladan al exterior y viceversa, en un filme violento que no tiene la necesidad, casi, de mostrar sangre.

No sólo la cultura europea se enfrente a la originaria, sino que también se ven las rivalidades entre los descendientes de las tribus que ocupan un sector de lo que hoy es el sur argentino, creando un ambiente propicio para entender los asesinatos y la falta de expectativas que reúnen presos y habitantes locales.

Cuchilleros sicarios (gran trabajo del debutante Emanuel Gallardo), un curandero mapuche bisexual y un preso al borde de la libertad (un convincente Damián Ávila), generan el marco ideal para conocer la xenofobia y la discriminación latente de blancos hacia originarios y de argentinos a chilenos.

Esta película es la primera de cuatro que Campusano estrenará en los próximos meses, debido a que está en la posproducción de un largometraje filmado también en Bariloche (El azote), otro en la Amazonia brasileña (Cicero impune) y uno más rodado en Bolivia (El silencio a gritos).

Publicado originalmente en Télam

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