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La historia de Edward Snowden, el analista de la CIA y NSA que dio a conocer documentos secretos que probaban que ambas agencias estadounidenses utilizaban programas de escuchas masivas para espiar literalmente a todo el mundo, parece estar hecha a medida para ser contada por Oliver Stone. Paranoia, secretos de Estado, el imperio contra un solo hombre, la maquinaria de los medios puesta en marcha para demonizar al “traidor”, el poder que aplasta cualquier idea de justicia, son elementos que pueden rastrearse fácilmente en la filmografía del director –JFK, Wall Street, Pelotón– pero en el abanico de posibilidades que a priori se abrían para narrar las acciones de Snowden y las repercusiones que tuvieron las filtraciones en el mundo y en la propia vida del ex agente, Stone eligió tomar el camino didáctico, demostrando una vez más que se considera a si mismo algo así como la vanguardia esclarecida y confía mucho más en su visión sobre el estado de las cosas que en la capacidad de los espectadores en desentrañar la madeja de intereses y las zonas oscuras de la política estadounidense.

La decisión de la puesta es contar los mojones en la vida de Edward Snowden (otro gran trabajo de Joseph Gordon-Levitt) que lo llevaron a ser quien es. Su ingreso al ejército, el accidente que lo dejó afuera de las fuerzas armadas, su ingreso a la CIA como analista informático, su paso a la actividad privada como contratista de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional), la vida cómoda y bien remunerada en Hawaii y entonces el descubrimiento de que Estados Unidos vigilaba a todo el mundo y claro, la decisión, el quiebre, la epifanía que lo hizo tomar contacto con los diarios The Guardian y The Washington Post que dieron a conocer la operación. De ahí el escándalo internacional, la vida estallándole en pedazos, el largo periplo por el mundo pidiendo asilo político hasta que la madrecita Rusia lo acogió en su regazo.

snowdenUn cuentito claro, con principio, desarrollo y fin, bien lejos del interesante documental Citizenfour, de Laura Poitras que mostraba la compleja personalidad de Snowden, en donde se percibía un firme egocentrismo, más allá de las consecuencias del escándalo internacional.

Son pocos los momentos en donde la película transmite la tensión a la que se ve sometido el personaje, hay un desarrollo injustificado de la relación que tuvo con su novia Lindsay Mills (Shailene Woodley), pero el patriota que se asoma al horror de los manejos de su país y decide contárselo al mundo, uno de los elementos clave (y muy discutible por cierto) de la carrera de Oliver Stone, ni siquiera está bien resuelto.

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Snowden. Francia/Alemania/Estados Unidos, 2016.
Dirección: Oliver Stone. Intérpretes: Joseph Gordon-Levitt, Melissa Leo, Rhys Ifans, Shailene Woodley, Nicolas Cage, Tom Wilkinson, Joely Richardson, Timothy Olyphant, Scott Eastwood, Ben Chaplin y Zachary Quinto. Guión: Kieran Fitzgerald y Oliver Stone, basado en el libro de Anatoly Kucherena y Luke Harding. Fotografía: Anthony Dod Mantle. Música: Craig Armstrong y Adam Peters. Edición: Alex Marquez y Lee Percy. Diseño de producción: Mark Tildesley. Duración: 134 minutos.

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