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Hace unos meses se estrenaba Un hombre perfecto de Yann Gozlan. El film francés pasó bastante desapercibido pero su propuesta era irreprochable. ¿Qué relación hay entre Intruso y Un hombre perfecto? A simple vista, lo único que permite vincular ambos proyectos es el hecho de que fueron promocionados como thrillers psicológicos cargados de tensión y suspenso. Pero si analizamos sus tramas caemos en la cuenta de que ambos films realizan lecturas sobre las maneras de narrar del género cinematográfico recurriendo a viejas fórmulas muy testeadas y aprobadas.

Uno creería que una narración “nostálgica”, que evoca viejas fórmulas, no puede fallar. Y sin embargo, aquello que es certeza absoluta en Un hombre perfecto, en Intruso se transforma en falacia. El encanto del film francés radicaba en la presentación de un guión de hierro que indirectamente homenajeaba a A place in the sun (1951) a través de Match Point (2005) de Woody Allen. Y sí, aquellos que aún no se dieron cuenta de que Match Point es una remake encubierta, deberían volver a presentarse en la mesa de examen de marzo. A su vez, Un hombre perfecto lograba articular esta narración básica con todos los films de escritores que practican el plagio; tal temática bien podría funcionar como un motivo recurrente dentro de los thrillers psicológicos. Es decir, el film francés es un film nostálgico que apuesta a viejas fórmulas ya probadas y desde ahí ofrece su parte.

Intruso pretende hacer una operación similar con los films “viejos” de asesinos seriales que gustan acosar a la víctima primero a través de la mirada (que no falten fotografías que no se sabe con certeza quién las sacó), luego entrometiéndose en su hogar y gozando de esa intrusión, de ese no ser percibidos. Sí, sí, ya la vimos. Esa del asesino serial que es un poco invisible, que está al lado tuyo pero como sos muy estúpida no lo podes ver así vivas en un departamento de 50 metros cuadrados. Esa misma, en fin.

El film es de alguna manera retro pero esto no le agrega ningún tipo de valor. Así es, a su vez, la protagonista, Elizabeth, quien por supuesto ocupa el lugar de la víctima. No está de más señalarlo puesto que en plena época de ebullición del discurso feminista, ciertamente seguir produciendo este tipo de películas centrados en el punto de vista de la mujer inactiva a la que solo le depara la inminencia de la muerte, es casi ofensivo. No por el discurso feminista en cuanto tal -pero un poco también-, sino porque esto ya caducó cinematográficamente. ¿Cuál sería el verdadero interés para el cine hoy? Sin duda, el punto de vista del victimario. Ese es el éxito, por ejemplo de las series de Netflix, The Fall o The Killing. Nada de eso hay en Intruso.

El film resulta una agonía y no porque esta la produzca la angustia del suspense. Lo cierto es que luego de una breve introducción de una muerte inicial anecdótica, la narración articula con el acoso hacia Elizabeth. Este se basa básicamente en la capacidad del asesino de entrar a su domicilio a su antojo. Si el film ofrece algún giro de interés este solo se edifica a través de la posibilidad, por parte del espectador, de ir eliminando posibles sospechosos. Pero es casi un juego de estudiante de cine porque ninguno de los sospechosos tiene entidad y poco y nada sabemos de ellos. ¿Será el jefe, el novio, el vecino, el segundo vecino? Da igual. Solo sabemos de Elizabeth, una joven violonchelista chapada a la antigua que aún usa una máquina contestadora analógica, insertada en un contexto plagado de “pistas”: la lluvia, la pava que chilla, un sospechoso movimiento de cámara, un corte de luz, una sombra, un eventual “hello” de la protagonista intentado determinar si hay alguien ahí. Lo único que quiere el espectador es que por favor la mate de una vez y que lo prive de esta agonía de seguir viendo a una inoperante que ya no nos representa -en cuanto víctima- desde finales de la década del ochenta. Aún nos queda una semana más para ver si es viable cerrar el año con otra propuesta. Por mi lado, les sugiero evitar semejante padecimiento.

INTRUSO
Intruder. EEUU, 2016
Guión y dirección: Travis Zariwny. Música: Nathaniel Levisay. Fotografía: Bradley Sellers. Intérpretes: Louise Linton, Zack Myers, John Robinson, Moby. Duración: 88 minutos.

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