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Cine dentro del cine. O registro documental sobre un grupo determinado. O el retrato personal de una directora en relación a sus orígenes, afectos, herencias, influencias, paisajes diferentes a su país natal. Mi último fracaso de Cecilia Kang invita a diseccionar ese no lugar de pertenencia de la cineasta asiática (coreana) en un contexto distinto, buscando la identidad desde la elección cultural antes que nada.

Cecilia es el punto de vista pero desde su visión el abanico protagónico deja paso para que Ran y Catalina opinen sobre un mismo tema, en tanto la cámara de Kang va de acá para allá conformando un relato abierto a otras inquietudes.

El disparador central de la historia, en los mejores momentos del film, se ubicará en un ambiente musical, exclusivamente con karaoke de por medio, en donde la directora elige el camino catártico para que Kang retrate zonas familiares festivas pero también tristes, autodesplazándose como personaje para cederle la posta a su hermana. La identidad o la búsqueda de ella, por lo tanto, se constituye en el leiv motiv de Mi último fracaso, un documental que puede parecer una ficción o una ficción con síntomas paridos por las raíces del documental.

Ese ida y vuelta de un personaje a otro, estimulado por el (des)centramiento de un relato que elige un rostro y una opinión para luego inclinarse por otra voz y otra figura, actúa de manera curiosa y poco empática hacia el hipotético espectador. Allí Mi último fracaso elimina cualquier hálito de emoción para ubicarse en su coraza geométrica, perfecta e impecable, pero bastante reacia a la identificación y a la descarga emocional.

MI ÚLTIMO FRACASO
Mi último fracaso. Argentina, 2016.
Dirección: Cecilia Kang. Guión: Cecilia Kang y Viriginia Roffo. Fotografía: Sebastián Agullo. Sonido: Francisco Pedemonte. Producción: C. Kang y V. Roffo. Intérpretes: Ran Kim, Catalina Kang, Cecilia Kang. Duración: 63 minutos.

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