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Uno se vale de artilugios para la vida, hace listas, corre carreras caminando con transeúntes que nunca se enteran de que están participando de esa competencia, apuesta mentalmente el número de la patente de un coche que se acerca o inventa normas particulares. Estos mecanismos -llenos de normas que suelen ser arbitrarias y que se cumplen hasta que uno deja de cumplirlas-, tiene como protagonista a Will Smith y establece no sentarse a ver ninguna película en la que no esté cazando extraterrestres o cuente con Kevin James de compañero. Pero bueno, la rompí, no por voluntad propia, la rompí porque el periodismo es un sacerdocio y el sacerdocio ya se sabe que puede incluir un martirologio. Tampoco exageremos que es apenas una película, me dije cuando recibí el encargo de ver Belleza inesperada, la nueva película de Will Smith en la que se viste de negro pero por luto y no por andar persiguiendo extraterrestres como en Men In Black.

Howard (Will Smith) era un fiera del mundo de la publicidad, daba charlas motivaciones a sus empleados, les daba conceptos básicos sobre el mundillo y qué es lo que hacen por el consumidor. Su empresa era pujante y sus amigos lo querían y lo admiraban. Un día Howard tuvo un pérdida de esas que dejan a cualquiera fuera de combate, su hija de seis años falleció de un cáncer fulminante y entonces el pujante y brillante publicista pierde todo interés en la vida diaria.

Al segundo año la empresa sigue para adelante fingiendo que su cerebro creativo está funcionando pero los amigos de Howard se ven enfrentados al hecho de que muchas de las cuentas sobre las que gira el negocio de la empresa estaban atados a Howard y la empresa más importante les anuncia que está por dejarlos. La única salvación es la venta a otra compañía pero Howard no escucha razones. Whit (Edward Norton) convence a las otras dos cabezas de la empresa de hacer una jugada para sacar a Howard de su letargo. El plan es confrontar al publicista con sus enemigos del momento, es que Howard le escribe cartas a la muerte, al amor y al tiempo. ¿Qué mejor entonces que buscar tres actores que representen de manera física esos tres conceptos? Suena a disparate y lo es, pero aún poniendo toda la buena voluntad del mundo desde la butaca y abstrayéndose del hecho de que lo que empieza como una intervención humanitaria deriva en una jugarreta empresarial inmunda, es muy difícil ver la cantidad de golpes bajos que se acumulan, los lugares comunes salidos quien sabe de qué libro de autoayuda, pero sobre todo lo más difícil es ver actores que uno sabe solventes y profesionales manejarse a la deriva.

Para más indignación, hay un plano final confuso que acaso nos quiere hacer entrar a la historia por el lado de lo fantástico, el problema es que a esa altura ya no le importa nadie y mucho menos al espectador.

Por esas cuestiones de la distribución, vi una copia doblada al castellano, uno sabe que es una batalla perdida pero no quiero dejar de consignar que seguramente la película debe sonar mejor si la que habla es Helen Mirren y no una locutora o actriz que recita el dialogo en neutro.

BELLEZA INESPERADA
Collateral Beauty. Estados Unidos, 2016.
Dirección: David Frankel. Guión: Allan Loeb. Intérpretes: Will Smith, Edward Norton, Kate Winslet, Michael Peña, Naomie Harris, Helen Mirren, Keira Knightley, Jacob Latimore, Enrique Murciano, Kylie Rogers, Natalie Gold, Liza Colón-Zayas, Toshiko Onizawa. Fotografía: Maryse Alberti. Montaje: Andrew Marcus. Música: Theodore Shapiro. Duración: 97 minutos.

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