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En una vía últimamente tan transitada como el cine de zombies, superpoblada en cine y TV, con productos de diferentes origines pero propuestas muy similares, se hace difícil esperar algo fresco y estimulante. Sin embargo Invasión zombie (con su título local tan poco invitante) se convirtió en una sorpresa bienvenida cuando irrumpió en el último Festival de Cannes y es, claramente, el mejor film del género en años. No necesariamente por lo novedoso de sus ideas, como por la maestría con que su realizador, Yeon Sang-ho, las distribuye y las pone en escena.

Sang-ho debuta aquí en el live action después de una carrera destacada en el cine de animación, donde uno de sus films animados, Seoul Station (exhibida en la última edición del Festival de Mar del Plata), se estrenó también en 2016 y trascurre en el mismo escenario con otros personajes, pudiendo verse como un díptico junto con esta.

En esta historia los protagonistas, pasajeros ocasionales en viaje de Seúl a Busan, se enteran, con el tren ya en marcha y obviamente de la peor manera, de la infección zombie en su vertiente infecciosa y acelerada, que se propaga a velocidad alarmante, y ese va a ser el escenario donde se defina la posibilidad o no de su supervivencia. Invasión zombie pertenece entonces a otro sub-género que es el de las Películas de Trenes, un tipo de film, que combina en un mismo lugar tanto la claustrofobia como el movimiento. Sang-ho aprovecha precisamente el espacio en que la acción se desarrolla, adaptando al mismo la lógica del relato. Por eso despliega una estructura episódica o secuencial que es la de los vagones de tren o la sucesión de las estaciones. Y, a pesar de esa lógica entrecortada, el ritmo es sostenido, el relato fluye y no tiene baches. Cada pausa es simplemente tomar aire para arremeter de nuevo a la próxima situación, al próximo encuentro frenético, donde la fuga es siempre hacia a delante.

En ese sentido, del desplazamiento continuo dentro y fuera del tren, puede recordar un poco a cult-movies sobre rieles como Pánico en el Transiberiano (1972) o a la más reciente Snowpiercer (2013) del también coreano Bong Joon-ho, con la cual comparte cierta cuota de crítica social, aunque en el caso de esta última la crítica iba por el lado de la diferencia (y la lucha) de clases. Algo de eso hay aquí, pero si bien existe cierto comentario social a partir de elementos como la profesión especulativa de su protagonista, la forma turbia en que la infección se produjo o las maneras con que el gobierno la está manejando, lo cierto es que el blanco de la crítica es a la condición humana, precisamente en sus miserias. Algo que es habitual en el cine de zombies, y no es la excepción en este caso, es que las criaturas más peligrosas y temibles terminan siendo por lo general los seres humanos, elevados a ese pedestal por su miedo, su crueldad y su mezquindad. Precisamente una de las escenas más sobrecogedoras es cuando un grupo de sobrevivientes es rechazado y hostigado por otro que sin embargo comparte con ellos la misma situación y el mismo peligro.

Invasión zombie nos presenta un elenco de personajes en apariencia estereotipados pero más bien claramente identificables, que son imperfectos y queribles y con los cuales uno empatiza y sufre cuando les toca la mala. Personajes que a su vez tiene sus matices y van evolucionando aun en el breve transcurso. Por eso el film es también la historia de redención de su protagonista, un asesor financiero preocupado solo por su trabajo y por sí mismo, que descuida a su hija y hasta pretende, por suerte sin éxito, transmitirle su mismo egoísmo. La odisea de supervivencia en el tren es también su travesía moral, la oportunidad de convertirse en alguien mejor. Claro que la redención no funciona para todos, y la muestra más acabada es el funcionario a cargo, una alimaña irredimible y espantosamente impune que se constituye en el villano más desagradable y odiable aparecido en mucho tiempo en el cine.

Con sus personajes bien delineados, su ritmo vertiginoso, su espectacularidad visual, que propone todo el tiempo imágenes impactantes y que, sobre todo, no suelta nunca al espectador, Invasión Zombie es lo que estaba necesitando un género al borde del rigor mortis. Una película que lo convierte otra vez, y paradójicamente, en algo vivo.

INVASIÓN ZOMBIE
Busanhaeng. Corea del Sur. 2016
Dirección: Yeon Sang-ho. Intérpretes: Gong Yoo, Ma Dong-seok, Ahn So-hee, Kim Soo-an, Jung Yu-mi. Guión: Yeon Sang-ho. Fotografía: Lee Hyung-deok. Música: Jang Young-gyu. Duración: 118 minutos.

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