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La ópera prima de Nadia Benedicto aborda la temática que no por remanida deja de ser interesante; ¿qué hacer después de una separación dolorosa? ¿Cómo afrontar los propios deseos? ¿Cómo hacerse cargo de los propios miedos? Frente a esto tres mujeres, la madre Sofía, la hija adolescente Irina y la pequeña Pachi enfrentarán a cada una a su manera esta nueva etapa.

Sobre el comienzo se plantea la situación que hará que las mujeres emprendan un viaje a la costa argentina. Y es “situación” no conflicto ya que la película no trabaja atravesada por la resolución de este nudo sino que se desarrolla paralelo a él. La madre se entera que su marido y padre de sus hijas es gay y decide dejarlo. Un vacío de dolor y de culpa se abre inconmensurable y profundo. Pero tal vez, el verdadero tema de la película sea como afrontar el propio crecimiento, como plantearse ante el futuro. De hecho la película no revisa conductas anteriores, ni las justifica, ni las culpa; sólo las plantea.

Un interludio no es solo una pieza musical que se intercala entre otras de mayor importancia, también significa jugar de a ratos, entretanto. Y eso es lo que hace Nadia Benedicto con su primera película; frente a una situación dolorosa, juega de a ratos, mientras cada una de estas mujeres resuelve su conflicto interior como puede, exorciza sus miedos como pueden. La madre se enfrenta varias veces con su hija adolescente, como corresponde, porque la película también habla de eso. De las diferentes generaciones, de su parada en el mundo, de sus intereses. La adolescente encuentra su primer amor en otra chica de la playa. La pequeña Pachi se esconde de los extraterrestres que la llaman y a la vez la atemorizan, los miedos infantiles aparecen de la manera más extraña. La madre encuentra un nuevo amor en ese hombre que le arregla el televisor.

Tal vez algunas decisiones formales aparecen como arbitrarias, no suman a la trama de la película como algunas cámaras que se lentifican y también algunas escenas no resultan inherentes al desarrollo de la película, como el baile de la madre en el bosque. A veces la película se torna un poco subrayada, como cuando se habla de “lo normal” o de “esto no tiene arreglo”. A veces se torna un poco onírica y a veces demasiado terrenal y sobre explicada; hubiera sido
interesante buscar un equilibrio entre estos dos extremos.

Sin duda lo mejor de Interludio es la actuación de la adolescente que rebosa espontaneidad. En este punto la directora se destaca, resuelve la elección de Irina con naturalidad y sensibilidad. De hecho, las mejores escenas de la película son aquellas en las que la Irina se funde con la libertad que supone la playa y la inconmensurabilidad del mar.

INTERLUDIO
Interludio. Argentina, 2016.
Dirección y guión: Nadia Benedicto. Fotografía: Matías Quinzio. Edición: Clelio Benevento. Música: Wolly von Foerster. Intérpretes: Leticia Mazur, Sofía del Tuffo, Lucía Frittabon, Patricio Aramburu. Duración: 80 minutos.

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