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El puntapié inicial es reencontrarse después de mucho tiempo y ver la final del mundial de fútbol de 2014 entre Argentina y Alemania. Y en el departamento de uno de los cuatro amigos se producirá ese momento fervoroso mientras se espera y luego se ve cómo Higuaín y Messi dejarán la cancha con la cabeza gacha.

Sin necesidad de llegar a exhibir la derrota en tierra brasileña, los vencidos por amplio margen serán esos cuatro amigos, al vociferar y hacer catarsis sobre el pasado y el presente, las cuentas pendientes, el destino que le correspondió a cada uno, las profesiones del grupo, sus goces e inestabilidades afectivas y alguna puteada al televisor por tanta mala leche en esa final a la que se llegó jugando mal (estoy opinando, claro).

Pero Línea de 4, realizada a cuatro manos por un director debutante y otro que concibiera Violetta en concierto, es una película acotada a un espacio único y asfixiante, un televisor pocas veces registrado por la cámara y una búsqueda formal que se circunscribe al modelo añejo de “caja cerrada” debido a su impronta teatral.

Por supuesto que el teléfono sonará más de una vez y las conversaciones oscilarán entre aquello que- supuestamente- ya pertenece al pasado y el reflote verborrágico por un recuerdo, una invocación, un remedo que vendrá a incomodar al cuarteto apasionado (o no) por la selección de Sabella.

Ese recuerdo remite a un personaje que no está, del que se hablará más de una vez y se discutirá sobre él y la decisión que tomó con su vida. Ese personaje, auscultado por el falso fuera de campo, de acuerdo a la puesta teatral de elige el film, se convertirá en el detonante final de la trama.

En ese punto la película tropieza aun desde sus declaradas intenciones formales: el ausente reemplaza al partido de fútbol, el sonido procedente del televisor se escucha de manera tenue, reemplazado por las voces altisonantes de los protagonistas y

la “caja cerrada” se materializa pura y exclusivamente a la espera de la próxima catarsis, de la siguiente chicana, del inmediato reproche por aquella falsa puesta en escena montada alrededor de una supuesta amistad entre cuatro tipos.

Desde esos instantes, faltando media hora, solo queda esperar al final, en donde una nueva apuesta entre los personajes volverá a manifestarse para arribar a un clásico desenlace abierto en donde el triunfo no le pertenecerá a ninguna de las dos selecciones sino a la fagocitada y protagónica “caja cerrada” cómodamente ubicada en un (supuesto) amplio departamento.

LÍNEA DE 4
Línea de 4. Argentina, 2015. Dirección: Diego Bliffeld y Nicolás Diodovich. Guión: D. Bliffeld y N. Diodovich. Con: Diego Echegoyen, Carlos Eisler, Alejandro Hener, Alejandro Lifschitz. Duración: 92 minutos.

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