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Disney lleva unos años lanzando, cada tanto, películas de “princesas” que no lo son realmente, o al menos no son damiselas en apuros. El camino que comenzaron Esmeralda (El jorobado de Notre Dame, 1996) y Mulán (1998) lo recorrieron también Tiana (La princesa y el sapo, 2009) y Mérida (Valiente, 2012). Moana llega a levantar el relevo con una adolescente que, con sus tropiezos, sabe llevar la enorme responsabilidad de ser una líder para su pueblo y combinarlo con su pasión.

Moana siente una atracción tan inexplicable como irresistible hacia el océano. Sin embargo, su padre lleno de temores hacia el mar le prohíbe adentrarse demasiado y le recuerda constantemente que su pueblo la necesita, ya que será la líder que lo suceda. Las cosas se tuercen cuando una maldición de leyenda alcanza la isla y la única solución parece ser atravesar las inmensas aguas y encontrar al semidiós Maui para romper el hechizo y salvar a su gente.

Ver una película destinada supuestamente a los más chicos siempre da la sensación de haber visto todas. Sí, Moana hace el típico camino del héroe, pero no es ahí donde hay que poner el ojo sino en las diferencias con las demás películas del género. En primer lugar, Moana no es una princesa como tal: es hija del líder y va a sucederlo, pero el líder no parece ser un déspota que manda (y al que hay que servir) sino un guía y en ningún momento se deja ver que pudiera tener que casarse para llegar a esa posición.

Por otro lado, Moana repara los errores que impide tomar en serio a las hermanas de Frozen (2013) como iconos feministas. No es ingenua, ni se deja llevar por cualquiera como Ana, ni es emocionalmente inestable como Elsa. Moana es inexperta pero está llena de valor y asume su rol de líder con altura. Si tiene algún tipo de interés romántico por alguien jamás se manifiesta y su partenaire, Maui, sólo acompaña la acción pero nunca le roba protagonismo: son más las veces donde ella salva al semidiós que al revés.

Otro punto interesante es la ausencia del típico villano que conspire en las sombras para acabar con todo. A esto se le suman algunos golpes de realidad que pueden tocar temas sensibles, pero con mucho más tacto que clásicos como Bambi (1942) o El Rey León (1994) y llenos de sentido para darle más profundidad a la historia. Los personajes, aunque caigan en clichés, no son llanos y sus motivaciones llevan a que cada movimiento tenga sentido (y sea un poco previsible).

El avance de la tecnología año tras año queda patente en la excelente animación, aunque puede que alguna escena (concretamente la del cangrejo gigante Tamatoa) asuste un poco a los chicos más impresionables. Se nota la sinergía entre los directores Ron Clements y John Musker, que dentro de la compañía del ratón compartieron casi todos los proyectos (Aladdin, El planeta del tesoro, entre otros).

En resumen, la historia no transpira originalidad en estructura, pero tiene sus puntos novedosos, personajes carismáticos y buenos momentos de humor (que incluyen a Disney parodiándose a sí mismo con el tópico de la princesa). Si bien tiene sus deslices, seguro sea lo mejor que veamos del género en un buen rato.

MOANA: UN MAR DE AVENTURAS
Moana. Estados Unidos, 2016.
Dirección: Ron Clements, John Musker. Guión: Ron Clements, John Musker, Taika Waititi, Jared Bush. Edición: Jeff Draheim. Música: Lin-Manuel Miranda, Mark Mancina, Opetaia Foa’i. Duración: 113 minutos.

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