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La exitosa saga traída de los videojuegos llega a su fin tras 15 años de gloria. El camino de Alice (Milla Jovovich) por fin se cierra y muchas cosas cobran sentido. Si bien sus predecesoras no cosecharon el amor de la crítica -en Rotten Tomatoes alcanzaron solo un promedio de 26 por ciento de aceptación-, los fanáticos de la historia pueden acercarse al cine esperando concluir, para bien o para mal, toda la complejidad de la trama que comenzó en Raccoon City.

Alice camina entre las ruinas de la civilización, defendiéndose como puede. Es una de las pocas personas en pie tras la propagación del Virus T, que convirtió a casi toda la población en muertos vivientes. Tras los sucesos de Resident Evil: Venganza (2012), Alice se ve obligada a volver a Raccoon City para tratar de ponerle fin a la expansión del virus. Justo el lugar en donde la Corporación Umbrella se prepara para el último ataque contra los sobrevivientes.

El primer punto a favor es que comienza con un resumen de lo que es necesario saber para poder ver el resto, incluso si nunca se vio otra entrega. Luego, la fórmula es la de siempre: Alice aparece sola y confundida, le surge una misión, se le suman aliados y mata unos cuantos zombies por el camino. Esta vez, su misión incluye adentrarse a un bunker subterráneo para propagar una cura aérea del letal virus. Está llena de acción surrealista –de la que disfrutamos tanto en películas como Duro de matar 4.0 (2007)- pero carece de linealidad y coherencia entre las acciones de los personajes y sus repercusiones.

La trama está escrita, como las anteriores cinco, por el director Paul W.S. Anderson (Mortal Kombat, Alien vs. Depredador, Pompeya), quien tiene experiencia en la carrera por adaptar videojuegos. No es tarea fácil, ya que el cine carece de la característica principal de los juegos: la interactividad. Debe ser por eso que, en general, pocas son las entregas basadas en historias de consola que hayan gustado realmente a los fans.

La historia es bastante infantil, con personajes estereotipados, buenos, malos y muy chatos que cada tanto amagan a ser un poco profundos pero naufragan en el intento –el punto más ridículo es cuando Alice se gana la confianza de un sobreviviente escéptico en apenas unas horas-. Los planteos insultan constantemente la inteligencia del espectador con errores groseros, como trampas que se cobran una víctima y se desactivan de forma conveniente –pudiendo matarlos a todos- o puertas que se cierran luego de haber esperado que todos entren. Como ejemplo de esto, nuestra protagonista sobrevive luchas intensas pero se arriesga en estupideces como tomar agua contaminada o no mirar para adelante mientras maneja.

La tensión artificial de la carrera contrarreloj pierde mucha intensidad por no mostrar a las supuestas víctimas ni la forma en que van a ser aniquilados cuando el minutero quede en cero. Por otro lado, la parte visual es buena excepto en algunos momentos de lucha, que se tornan confusos por los movimientos rápidos de cámara. Por fin, el mayor punto a favor es el cierre digno de Alice, que consigue tener un origen más o menos decente. Queda esperar que el nombre sea cierto, y la saga no se estire más.

RESIDENT EVIL 6: EL CAPÍTULO FINAL
Resident Evil: The Final Chapter. Alemania/Australia/Canadá/Francia, 2017.
Dirección y guión: Paul W.S. Anderson. Intérpretes: Milla Jovovich, Iain Glen, Ali Larter, Shawn Roberts, Eoin Macken, Fraser James, Ruby Rose, William Levy, Rola, Ever Anderson. Edición: Doobie White. Música: Paul Haslinger. Duración: 107 minutos.

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