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A Monster Calls articula dos o tres motivos muy comunes en este tipo de dramas pero que no por ello pierden interés o efectividad: la orfandad, el monstruo como sustituto y la fusión entre lo real y lo imaginario. La combinación de estos tres elementos no necesariamente decanten en una narración ya transitada puesto que sus variaciones pueden ser infinitas, pero de seguro hay algunos lugares comunes por los que se suele atravesar. Sin ir más lejos, en el 2016 se estrenaron por lo menos dos películas que enlazaban la idea de la pérdida o ausencia de los padres con la existencia de un monstruo que suple la falta. Estas fueron El buen amigo gigante (Spielberg) y la remake Mi amigo el dragón. En ambas películas el “monstruo” logra traspasar el ámbito de lo imaginario para demostrar su existencia verdadera. Pero más allá de la particular decisión de configurar a la criatura dentro del registro de lo real, lo cierto es que su función como operador narrativo es la misma en todos los casos. No importa dónde se esconde el monstruo -dragón, gigante, etc.-, este siempre viene a mostrar la disconformidad y a solucionarla.

Connor (Lewis Mac Dougall) es un niño de 12 años que debe afrontar la inminente muerte de su madre (Felicity Jones) al tiempo que debe hacerse a la idea de que su destino es vivir con su abuela (Sigourney Weaver). Tal como la voz narradora del monstruo nos explica, este es un drama de un muchacho que es demasiado viejo para ser un niño y demasiado joven para ser un adulto. En esta coyuntura solo basta una proyección de la vieja King Kong, que Connor ve con su madre, y una pesadilla recurrente del niño para invocar a la criatura, quien siempre emerge a las 12:07. Las demandas del monstruo (Liam Neeson) parecen ser bastante simples. Connor debe escuchar tres historias que él tiene para relatarle pero a cambio le reclama la verdad de su pesadilla. Por supuesto, el niño no quiere acceder a tales requerimientos y aunque sus argumentos refieren a aquello que puede o no sanar a la madre, a salvarlo de la abuela, lo cierto es que Connor no quiere delatar el secreto que encierra su pesadilla. Esto es así, porque todo mal sueño es un monstruo que viste la disconformidad, la angustia, el miedo y la resistencia al ver.

Bayona, quien ya había dirigido El orfanato (2007) y Lo imposible (2012), hace un trabajo prolijo y efectivo. Puede ser que A Monster Calls no sea demasiado innovadora narrativamente pero tampoco lo es la novela de Patrick Ness, quien es a su vez el guionista del film. Tal vez uno de los mayores logros sea del orden de lo visual y en la manera en que logra articular el mundo de la ficción dentro de la ficción con el registro real del mundo concreto en el que vive Connor, sus familiares y conocidos. El film posee una belleza de la imagen inusual particularmente en las narraciones en las que el monstruo relata al niño y que se mantienen en un riguroso trabajo de animación en la que se observan diversas técnicas de dibujo. Por supuesto, el mundo “real” del film también conserva una estética visual afín a lo imaginario además de disponer de una tecnología digital de punta cuando de recrear al monstruo refiere. Considerando estos aspectos podemos decir que el film logra el objetivo de entretener y deleitar al espectador a pesar de no ser un film inolvidable.

A MONSTER CALLS
A monster calls, EEUU, 2016.
Dirección: J.A. Bayona. Guión: Patrick Ness. Producción: Eugenia Caballero. Montaje: Jaume Marti, Bernat Vilaplana. Fotografía: Oscar Faura. Música: Fernando Velázquez. Intérpretes: Lewis MacDougall, Felicity Jones, Toby Kebbell, Liam Neeson, Sigourney Weaver. Duración: 108 minutos.

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