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En el mundial del 2014 todos los argentinos y brasileños pudimos conocer el canto popular “Decime que se siente”, creado por dos argentinos que no tuvieron nada mejor que hacer por un par de horas. A todos les pareció fascinante aunque no contemplara el respeto por el adversario ni el país vecino. Lo importante es que en los mundiales todo vale, particularmente la humillación. Ciertamente la cancioncilla fue un hit entre los argentinos y un padecimiento para los habitantes de Brasil que tuvieron que escucharla de cada uno de nosotros por aquellas fechas.

Esta ópera prima del brasileño Fernando Frahia es una clara referencia a esa escena del 2014 al tiempo que promete la esperada venganza de Brasil. Por supuesto Frahia, quien tiene a cargo una co-producción entre ambos países, está dispuesto a bajarse los pantalones las veces que sea necesario para que el film funcione, cuando menos a la taquilla. La prometida venganza no será tal, como era de esperarse, dado que se trata de una comedia de “enredos”; la pauta marcará de entrada las acciones fallidas. Pero no conforme con proponer un guión que jamás podrá saldar esa deuda con Brasil, redobla la apuesta y deja entrever sutilmente que Argentina puede torturarte una y otra vez, y todas las veces que haga falta para hacerte sentir un maldito miserable incapaz de hacer una sola cosa bien.

La historia que sustenta esta desgracia es sencilla. Caco y Vadão son dos dobles de riesgo cinematográficos que no suelen tomarse en serio ninguna hazaña en la vida real. Pero un día Caco se decide a dar el gran peso y pedirle a su prometida Julia que sea su esposa. Lamentablemente llega en un momento inoportuno en el que su novia está manteniendo relaciones sexuales con su jefe. El tercero en discordia es Facundo Flores, un chef reconocido internacionalmente, dueño de una cadena gastronómica con numerosos premios, conductor del programa “Pop chef” y, evidentemente, un argentino. Es en el último punto en el que hay que hacer foco.

Con este detonante, Vadão convence a su amigo de realizar un viaje delirante a Argentina con la expectativa de restaurar su honor y el de Brasil. La venganza se proyecta no solo hacia Facundo sino que pretende ser un misil teledirigido a cada argentino que cantó “Decime que se siente” borracho en Copacabana, a cada gol de Messi. El odio de ambos personajes llega bastante lejos: todas las copas Libertadores que Boca Juniors les privó, todos los antidopings que Maradona haya podido eludir y así.

Se supone que esto nos tiene que resultar gracioso y divertido, a brasileños y argentinos por igual dado que se trata de una co-producción. Por supuesto, la posible venganza se transforma

en humillación para los vengadores. Me pregunto en qué estaría pensando Fernando Frahia cuando construyó esta narración en la que los únicos humillados son sus personajes principales, incluyendo a Julia la adúltera, quien es incapaz de distinguir entre la energía sexual y el amor. El despliegue de clichés no es ilimitado pero sería tedioso intentar catalogarlo. No faltó ni siquiera la novia fugitiva en la ruta, quien por supuesto les roba el auto no tanto por desesperada sino más por argentina lúcida.

Lamentablemente, el film confunde permanentemente maldad, pedantería y oportunismo con lucidez. Y también tristemente estos gestos no se narran con vergüenza sino con orgullo. Si algo resta decir es que resulta alarmante que lo haga un brasileño. Pero en fin, no me corresponde juzgar la autoestima del realizador. Si sos de los que cantó borracho que Maradona es mejor que Pelé, entonces este film es para vos.

DECIME QUÉ SE SIENTE, LA VENGANZA
La vingança. Brasil / Argentina, 2016.
Dirección: Fernando Frahia. Intérpretes: Felipe Rocha, Daniel Furlan, Adrián Navarro, Leandra Leal, Ana Pauls. Guión: Jiddu Pinheiro, Fernando Frahia. Fotografía: Diego Mendizabal Duración: 90 minutos.

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