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Son conocidas las propiedades de los perros como armas de manipulación masiva, sea en versión simpática y juguetona o en versión desamparada y sufriente. Lo vemos todos los días en las redes sociales. La industria cinematográfica también lo sabe y por eso viene explotando a los pobres pichichos desde la época Rin Tin Tin presentándonos al mejor amigo del hombre haciendo honor a ese título y tratando de arrancar sonrisas y lágrimas en proporciones variables.

En esta larga tradición del ¿sub-género? “Lección de Vida con Perro”, en la cual podemos incluir referentes como Siempre a su lado (Hachiko) o Marley y yo, se inscribe La razón de estar contigo, a la cual agrega el elemento de perro que habla, o más bien piensa y comparte su monologo interno con el espectador en una versión canina de Mira quién habla.

El protagonista y narrador es Bailey, un perro ligado muy fuertemente a su dueño Ethan con quien comparte la niñez y adolescencia de este, sus vivencias, sus triunfos, sus amores, sus tristezas y fracasos, interviniendo varias veces para alegrarlo, consolarlo, ayudarle y a veces también meterlo en algún problema siempre hilarante y menor. Esto hasta que su vida perruna, lógicamente más corta que la humana, se termina. Pero la cosa no acaba ahí porque el perro no se va al cielo como nos enseñaron que hacen todos los perros sino que reencarna como otro perro en otro lugar, con otro nombre, otra raza, otros dueños y otras experiencias. El ciclo se repite varias veces con el pobre perro siempre recordando la memoria de sus vidas pasadas y con el denominador común de su personalidad y su voluntad, su misión se diría, de mejorar las vidas de sus amos. De todos modos, aunque Bailey reencarne, el lazo indestructible es con Ethan. No vamos a spoilear acá, total para eso está el tráiler (que cuenta absolutamente todo, como si la película fuera la versión extendida del tráiler y no al revés). Acá tenemos más código, pero igual se imaginarán hacia donde se dirige la cosa.

Uno podría advertirles la presencia ominosa de los golpes bajos que en cantidad abrumadora se arrojan sobre el espectador en ataque fulminante. Pero eso solo serviría para los desprevenidos (que si no se los vieron venir son bastante pajarones) porque, en realidad, el público de este tipo de películas es exactamente lo que está buscando, solo que no lo llama de ese modo. Es gente que va al cine a emocionarse, que quiere historias como la vida misma y mide la efectividad/calidad del film en términos de lágrimas derramadas. Esos no van a salir defraudados ya que en ese sentido el producto cumple con creces con lo que promete. De hecho acá tenemos no la muerte de un perro (¿quieren algo más triste y conmovedor?) sino un perro que se muere varias veces. Está bien, siempre es el mismo y resucita pero eso no disminuye el efecto.

Si pudiéramos observar gráficamente el recorrido emocional del film lo veríamos como una línea que va oscilando en zigzag entre los momentos luminosos y los momentos de bajón. El director de este compilado es el sueco Lasse Hallström, un especialista en épicas lacrimógenas (es el director de Hachiko nada menos, un hito de este tipo de films). Se podría decir que es un manipulador experto y acá demuestra nuevamente su pericia en estas artes, porque hay que decir que cumple su cometido varias veces a la hora de estrujarte el corazón (salvo, claro, que no tengas uno), aunque lo hace con obviedad, yendo a lo seguro, con un uso desvergonzado de todos los trucos probados del repertorio sensiblero a la hora de subrayar.

Bailey es un perro canchero y querible que comenta todo con una mezcla de ingenuidad y picardía. Gran parte de la efectividad del film se basa en su relato en off. Y porque puede y porque al fin y al cabo esta es una lección de vida, nos reserva una enseñanza para el final, formulada de manera explícita para anotarla y pegarla en la heladera, como para que el espectador no sienta que perdió la plata de la entrada. ¿Sutileza? A otro perro con ese hueso.

LA RAZÓN DE ESTAR CONTIGO
A Dog’s Purpose. Estados Unidos. 2017
Dirección: Lasse Hallström. Intérpretes: Dennis Quaid , Peggy Lipton, K.J. Apa, Britt Robertson, Juliet Rylance, Bryce Gheisar, Luke Kirby, Josh Gad. Guión. Cathryn Michon, Audrey Wells, Maya Forbes y Wally Wolodarsky, sobre la novella de W. Bruce Cameron. Fotografía: Terry Stacey. Música: Rachel Portman. Edición: Robert Leighton. Duración: 120 minutos.

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