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Nos rodea un mundo que es hostil, sucio y violento, donde el barril de sangre -de soldados o de civiles indistintamente- parece ser mucho más barato que el de petróleo. David Mackenzie (Convicto, Rock’n’Love) expone un western que refleja una realidad donde no existen los buenos muy buenos ni los malos muy malos, sino personas con intereses llenas de grises.

Para salvar la granja familiar de la hipoteca, tras la muerte de su madre, los hermanos Toby (Chris Pine) y Tanner (Ben Foster) Howard se lanzan a robar bancos en distintos pueblos texanos. Son dos personas distintas, uno divorciado con hijos que no tiene antecedentes penales y uno sin familia más que su hermano y que pasó la mitad de su vida en la cárcel. Sin embargo, el ranger veterano Marcus Hamilton (Jeff Bridges) no piensa resignarse en su última cacería y les estará pisando los talones. Todos irán hasta las últimas consecuencias.

Cada minuto del metraje ayuda a construir personajes profundos con motivaciones reales y tangibles a través de sus acciones, y no se pierde ni un segundo en exposiciones burdas –ni con narrador ni sin él-. El guión es muy sólido, un lujo de Taylor Sheridan (Sicario) que atrapa sin subestimar al espectador ni abusar de los límites de lo verosímil. Las actuaciones dejan ver cada matiz de personajes realistas que logran empatizar con el espectador y llevan la historia de la mano hasta el final sin distraer.

La película, a diferencia de las que generan estereotipos latinos desagradables –narcos colombianos, ladrones mexicanos, jefes de la mafia cubanos-, se burla de los estereotipos texanos y condensa en ellos el humor negro y ácido que atraviesa toda la película, dejándole a los espectadores menos sensibles una sonrisa casi permanente a través del relato. Además, el eje argumental es una crítica al sistema hipotecario que hizo colapsar la economía en 2008 y que hizo sufrir a gran parte de los personajes principales y secundarios.

Sin embargo, la adrenalina que se vive en las persecuciones y las risas tienen su respiro cuando la reflexión entra por la ventana y sorprende a la audiencia mostrando las aristas de cada situación y cada personaje. Hay momentos que generan nudos en la garganta, especialmente cuando la acción llega sin anestesia ni planos dramáticos, sino la brutal realidad al estilo western. Al cóctel sólo queda agregarle la musicalización precisa y los planos que apenas dan un respiro en medio de la acción. No quedan dudas de por qué es un excelente candidato a los Oscar, especialmente en Mejor Película.

SIN NADA QUE PERDER
Hell or High Water. Estados Unidos, 2016.
Dirección: David Mackenzie. Guión: Taylor Sheridan. Intérpretes: Ben Foster, Chris Pine, Jeff Bridges, Gil Birmingham, Dale Dickey, William Sterchi, Buck Taylor, Kristin Berg. Edición: Jake Roberts. Música: Nick Cave, Warren Ellis. Duración: 109 minutos.

 

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