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Toda narración que gira en torno a la vida de una gran figura, siempre desata el debate respecto de su veracidad, más allá de tratarse de un relato documental o ficcional. Tal es el caso de Neruda (Tony Manero, No y El Club) el nuevo film del realizador chileno Pablo Larrain. Y lamentablemente, en el marco de la crítica parece ser un punto ineludible el señalar qué aspectos del film retratan mejor ese fragmento de la vida del poeta y cuáles se alejan. La indicación no es en sí errónea, pero lo que puede resultar tedioso es tratar de determinar el valor de la narración en función de lo que de veraz tiene respecto de la vida de Pablo Neruda.

Empecemos entonces realizando algunos de estos señalamientos ineludibles. El film retrata solo un fragmento de la vida de Neruda (Luis Gnecco) que refiere al momento en el que siendo senador del Partido Comunista es perseguido por el gobierno de turno. El entonces presidente Gabriel González Videla, quien había asumido gracias al apoyo del partido, había implementado una serie de medidas políticas que no fueron bien recibidas por los comunistas quienes comenzaron a tildarlo de traidor. Neruda realiza, allá por el año 1948, una serie de declaraciones públicas en las que manifestaba que el presidente había “vendido” secretos de Estado a los norteamericanos así como le reprochaba haberle dado la espalda al partido que había logrado que aquel llegara al poder. Frente a esta tensión, entre el gobierno y el partido, sumado a las declaraciones del poeta, González Fraga comienza una querella por injurias y calumnias que culmina en el proceso de desafuero del senador poeta. Este es el puntapié inicial de una larga persecución que dura un poco más de un año. El film intenta narrar parte de este proceso que implica la entrada a la clandestinidad, el acecho policial, la fuga de Pablo Neruda junto a su segunda esposa Delia del Carril (Mercedes Morán), una argentina aristócrata que apoya la causa, su relación con el artista Pablo Picasso, algunos fallidos intentos de cruce de frontera, el arduo y exitoso cruce a caballo a la Argentina y, finalmente, su llegada a Europa. Por supuesto, cuando un film está narrando la vida de una celebridad que ya vivió y murió, no se le puede reprochar a la crítica andar contando los finales ni develando las intrigas. Además, realmente el film, que sí narra estos pormenores, en realidad está hablando de otra cosa porque de eso se trata la ficción. De lo contrario, Pablo Larrain hubiera realizado un documental con testimonios y documentos que fundamentan y argumentan su construcción. Pero Neruda es una narración ficcional que aunque es veraz en muchos aspectos, particularmente lo señalados hasta ahora, lo cierto es que se toma varias licencias.

La única que merece ser señalada es relativa al personaje que persigue incansablemente al poeta. Óscar Peluchonneau (Gael García Bernal) fue un policía que efectivamente existió aunque los historiadores señalan que el perfil del personaje se encuentra alterado. El mismo hijo de Peluchonneau llegó incluso a hacer algunas declaraciones públicas por no sentirse a gusto de que hubieran mantenido el nombre real de su padre. Justamente porque el perfil del policía si se encuentra ficcionalizado y, a la mirada de su hijo, no lo deja bien parado. Efectivamente, el film trata sobre esto y no sobre lo que los documentos han legado. Hacia la mitad del film, el centro de atención pasa a ser este personaje que, si bien narra en voice over desde el inicio, comienza a acaparar la atención narrativa. Neruda habla más sobre la manera en que un personaje se construye gracias a otro. En este caso, cómo un personaje secundario puede tornarse principal, porque el film habla básicamente de la persecución en cuanto acción (no sucede otra cosa más que esto) y de este giro de interés. No nos interesa Pablo Neruda, del que ya todo sabemos o podríamos saber, sino este policía mediocre cuyo sentido, como personaje de una trama, solo puede construirse en esa misma carrera de caza al poeta. Y hasta aquí, la idea me resulta genial salvo por el tiempo que demora en platearla. ¿Es necesario una hora para expresar de qué se trata una película? Tal vez sí, no hay fórmulas para ello, pero me hubiera resultado un tanto menos tedioso si lo anterior hubiera tenido una dinámica que me permitiera llegar con mi atención entera a los 60 minutos de duración.

El fuerte del film es el acecho en cuanto tal y la relación entre un perseguido y su perseguidor. Pero va perdiendo algo de fuerza o nunca la encuentra en todo el transcurso del film. En este sentido, la apuesta es arriesgada y logra su cometido parcialmente. Tan atada a su primera hora de duración, cuya impronta es la veracidad, al film le resulta engorroso construir la segunda, completamente vinculada a la construcción de un verosímil.

NERUDA
Neruda, Chile / Argentina / Francia / España, 2016.
Dirección: Pablo Larrain. Intérpretes: Luis Gnecco, Gael García Bernal, Mercedes Morán, Emilio Gutiérrez Caba. Guión: Guillermo Calderón. Música: Federico Jusid. Fotografía: Sergio Armstrong. Duración: 107 minutos.

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