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A poco de empezar, Manchester frente al mar presenta una tragedia, después rebusca en el universo propio, el que está dispuesto a contar, y hace emerger otra, capas de dolor que se van sumando para conformar un relato sobre la desdicha y la imposibilidad de manejarla. Pero no se está ante una película que se regodea sobre el drama sino que es ante todo el intento genuino de contar una historia triste y los diferentes afluentes que nutren ese estado para conformar el mapa de la desdicha de un grupo de personas irremediablemente lastimadas.

Manchester… es apenas el tercer trabajo como director del dramaturgo Kenneth Lonergan, luego de Puedes contar conmigo (2000) y Margaret (2011) -también es actor y guionista- pero demuestra un tremenda capacidad como narrador y una sensibilidad extraordinaria para contar la vida después de un trauma devastador. Desde ese lugar se presenta a Lee Chandler (Casey Affleck), el solitario conserje de un grupo de edificios en donde arregla los desperfectos caseros de los vecinos, se pelea con ellos, en sus horas libres busca roña en los bares y no mucho más.

Lee arrastra una depresión terminal -no sabemos qué le pasa pero su andar, su apatía, su relación con el mundo dan cuenta de algo grave, una ausencia irremediable- pero una llamada lo obliga a dejar la ciudad y volver a Manchester, su pueblo natal, donde deberá hacerse cargo de su sobrino Patrik (Lucas Hedges), luego de la muerte de Joe (Kyle Chandler), su hermano mayor. El testamento es claro, de ahora en más deberá ser el tutor del muchacho y desde allí asistiremos a la desesperación del protagonista por no hacerse cargo del chico -Affleck demuestra con la palabra, con el cuerpo el estado del personaje, la carga inaudita que no es capaz de llevar-. A partir de varios flashback se va develando el pasado de Lee, lo que pasó para su presente sea el que nadie imaginó, empezando por él mismo, un hombre común al que lo golpeó el peor la peor de las tragedias.

Manchester entonces es su lugar de origen, donde fue razonablemente feliz hasta que se quedó sin nada, en Manchester es también a donde sigue viviendo su ex esposa Randi (Michelle Williams), que le recuerda quién fue, quiénes fueron. Y está su sobrino Patrik, que pelea con la tristeza de haber perdido a su padre pero con otras armas, las de la juventud, la de haber sabido que alguna vez iba a estar solo.

Manchester frente al mar es una película de hombres, que se entienda bien, sobre hombres que deben lidiar con el dolor como pueden, desde la casi nula exposición de los sentimientos, desde la caldera de lo íntimo que hasta a veces encuentra un desahogo en raptos de violencia. Nadie sabe bien qué hacer con lo que los consume por dentro, pero Lee Chandler -extraordinario Casey Affleck con una composición reconcentrada que recuerda su trabajo en El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford-, tiene la certeza de que nunca va a poder superarlo.

No es que importe demasiado pero con justicia, Manchester frente al mar está nominada en seis categorías en los inminentes premios Oscar (incluyendo Mejor Película, Director y Actor por Affleck), aunque lo que verdaderamente valioso del film es la voluntad de un cine adulto que se arriesga a explorar las emociones sin artificios y sin golpes debajo del cinturón.

MANCHESTER JUNTO AL MAR
Manchester by the Sea. Estados Unidos, 2016.
Guión y dirección: Kenneth Lonergan. Intérpretes: Casey Affleck, Michelle Williams, Kyle Chandler, Lucas Hedges, Matthew Broderick y Gretchen Mol. Fotografía: Jody Lee Lipes. Música: Lesley Barber. Edición: Jennifer Lame. Diseño de producción: Ruth De Jong. Duración: 137 minutos.

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