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Cuando el responsable de este sitio me pidió una crónica de la entrega de los premios Oscar pensé que era una empresa destinada al naufragio. Y es que desde hace unos años la ceremonia se volvió larga y poco llevadera, coherente con los tanques de la industria. Las películas se han vuelto grandes, vacías, largas y aparatosas, así que la premiación de la industria que las impulsa se ha ido convirtiendo en acto difícil de sostener ante la audiencia televisiva, millones de personas que cada vez les resulta imposible sostener la atención sobre cualquier cosa. Pero claro, quién iba a pensar que pasara lo que pasó.

La transmisión arrancó en TNT a las 21 para enganchar ya con la ceremonia a las 22.30. Me saltee la alfombra roja para llegar entero al final de un viaje tan largo, algo así como ir a la costa en el ómnibus que tiene paradas en todas la rotondas de los pueblos.

La previa del premio siempre se maneja por los mismos andariveles, todos los que van a terminar prendidos viendo la ceremonia se despachan antes con una serie de fobias que van desde que no es artísticamente creíble, porque no siempre ganan los mejores, hasta que les parece una frivolidad insalvable, pero llegado el momento todos los interesados en el cine terminan sentados frente al televisor para ver de qué se trata. Este año el anfitrión fue Jimmy Kimmel, un host conocido por manejar su propio late nigth con gracia y mucho ingenio. Pero antes de Jimmy el que apareció en el escenario fue Justin Timberlake que hizo bailar a todo el mundo con el tema de la película Trolls y puso la vara tan alta que todo lo que vino después parecía chato y gris, Un poco lo que pasa con La La Land y el número musical del comienzo. Kimmel sufrió un poco el impacto de la sala enorme en la que estaba, pero lentamente le fue tomando la mano y hasta pudo meter algunas salidas muy graciosas.

“No es una broma”, dijo el productor de “La La Land”.

La Academia de Hollywood no es tonta y sabe que su competencia en este caso son las diferentes plataformas existentes, así que todo el tiempo apeló a Twiter, los hashtags y como uno de los temas de los últimos tiempos surgido al calor de la lucha electoral ocurrida el año pasado, está la idea de que Hollywood y los medios son una banda de snobs que desprecian al pueblo y cuya agenda de derechos humanos y de género es solo una cuestión de liberales millonarios culposos, hubo mucho de apertura a “A la gente” y hasta un momento en que se apeló una especie de producción especial muy al estilo de Sorpresa y ½, haciendo entrar a un grupo de turistas que venían en un micro abierto y a los que se les había dicho que iban a ver una convención. Gente común entrando al teatro repleto de gente famosa, unos y otros se miraban sin entender mucho que pasaba, un verdadero choque de civilizaciones.

Si bien en las notas previas se hablaba de una ceremonia politizada la cosa no pasó a mayores, nadie se insolentó con el presidente de los Estados Unidos ni siquiera algunos nominados extranjeros que al no poder entrar a los Estados Unidos, mandaron esquelas más o menos protestonas pero todo fue en un tono delicado de respeto, bastante hippie, muy Piero en la onda manso y tranquilo. Frente a la efervescencia de Donald Trump prefirieron mostrarse en una onda paz y amor.

Mientras se esperaba una batalla política los premios iban saliendo y se repartieron de manera bastante equitativa sin proporcionar triunfos exagerados a ninguna de las películas y las predicciones más o menos fueron cumpliéndose. Hollywood mostró diversidad pero no confrontó con el presidente actual y todos parecían sentirse más o menos conformes pese a algunos cortes de transmisión y que las bromas entre Kimmel y Matt Damon a lo mejor eran demasiado de televisión de allá y los de acá nos quedamos un poco afuera… Una vez que pasó el momento en que se recordó a quienes murieron en el último año y pertenecían a la industria llegaron los premios mayores y Cassey Affleck se llevó el suyo a mejor actor por Manchester frente al mar, Emma Stone el suyo por La La Land, Chazelle ganó como mejor director también por el musical y llegó el momento de premiar a la mejor película…

Horowitz, Kimmel y Beatty. A los botes.

Dos verdaderas estrellas aparecieron entonces, Faye Dunaway y Warren Beatty, nada menos que Bonnie and Clyde redivivos. Dijeron el parlamento de rigor, abrieron el sobre y Warren dijo que el Oscar iba para La La Land. Y allí salió el elenco y los responsables de la producción para recibir el premio, agradecerse entre si, apelar a los buenos sentimientos, rogar por la paz mundial y decir que si todos somos un poco más buenos el mundo puede ser el lugar donde desarrollemos nuestros sueños. Mientras nos descerrajaban esa retahíla de lugares comunes, los espectadores ya estábamos con el control remoto en la mano pero notamos que había corridos y cierto desconcierto. Habría entrado alguien, ¿llegó Trump con dos carros y un tranvía? ¿Descubrieron una bomba en uno de los sobres? No, Beatty había leído mal, o les dieron otro sobre o algo así y resultó que La La Land no ganó nada sino que el galardón era para una película medio tapada llamada Luz de luna, de Barry Jenkins. Ni que la votación del Oscar la manejara la gente de la AFA, faltaba Pinky hablando de los votos de La Matanza y Cavallo acusando de partisano a Warren Beatty.

Kimmel trató de decir alguna cosa medio graciosa pero el papelón fue tal y transmitido vía satélite a todo el mundo, que uno sospecha que acaba de ser testigo de un momento bisagra, algo que bien puede ser el comienzo del fin del mundo tal cual lo conocimos. Así que lo que era una ceremonia más terminó como una hecatombe que no hizo ir a dormir pensando que si eso pasa en los Oscar, qué nos queda al resto de los mortales.

El festejo inesperado del equipo de Luz de Luna.

Los premios principales:

Mejor película
Luz de luna

Mejor actriz
Emma Stone, por La La Land

Mejor actor
Casey Affleck, por Manchester junto al mar

Mejor actor de reparto
Mahershala Ali, por Luz de luna

Mejor actriz de reparto
Viola Davis, por Fences

Mejor director
Damien Chazelle, por La La Land

Guión original
Kenneth Lonergan, por Manchester junto al mar

Mejor guión adaptado
Luz de luna (guión, Barry Jenkins; basada en la obra “Moonlight Black Boys Look Blue”, de Tarell Alvin McCraney)

Mejor fotografía
Linus Sandgren, por La La Land

Mejor película hablada en otro idioma
El viajante (Irán), de Ashgar Farhadi

Mejor Documental
O.J: Made in America, de Ezra Edelman y Caroline Waterlow

Mejor Cortometraje Documental
The White Helmets (Gran Bretaña), de Orlando Von Einsiedel y Joanna Natasegara

Mejor cortometraje
Sing (Hungría), de Kristof Deák y Anna Udvardy

Mejor corto animado
Piper, de Alan Barillaro y Marc Sondheimer

Mejor película animada
Zootopia, de Byron Howard, Rich Moore y Clark Spencer

Mejor edición de sonido
Sylvain Bellemare, por La llegada

Mejor mezcla de sonido
Kevin O’Conelson, Andy Wright, por Hasta el último hombre

Mejor diseño de producción
David Wasco y Sandy Reynolds-Wasco, por La La Land

Efectos visuales
Robert Legato, Adam Valdez, Andy Jones y Dan Lemmon, por El libro de la Selva

Mejor Edición
John Gilbert, por Hasta el último hombre

Mejor vestuario
Colleen Atwood, por Animales fantásticos y dónde encontrarlos

Mejor maquillaje
Alessandro Bertolazzi, Giorgio Gregorini y Christopher Nelson, por Escuadrón suicida

Mejor Música
Justin Hurwitz, por La La Land

Mejor canción original
“City of Stars”, de La La Land (Música de Justin Hurwitz; letra de Benj Pasek y Justin Paul).

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