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El clásico chico encuentra chica que tantos dividendos le ha dado Hollywood, encuentra en El espacio entre nosotros una variante rara: chico de Marte encuentra chica de la Tierra.

Un extravagante y soñador millonario que de chico sueña con colonizar el espacio logra llevar adelante su sueño y organiza una expedición a Marte con el fin de probar que en el planeta rojo puede desarrollarse una colonia de seres humanos. La expedición cumple su cometido y va más allá, incluso cuando una de las expedicionarias tiene un hijo en la colonia marciana. Pero no todo sale bien, la madre muere al dar a luz y el niño es educado entre científicos, que le dan toda clase de conocimientos y evalúan cómo se va desarrollando este verdadero hijo de la ciencia y la ambición humana, por decirlo de alguna manera.

El marciano se desarrolla lo más bien hasta llegara a la difícil edad de 16 años, cuando se empieza a interesar por distintas cosas de la vida y siente cierta necesidad de conocer el planeta de sus padres, entender al ser humano en general y empieza a averiguar cosas y pasar más tiempo encerrado en el baño. Bueno eso no aparece en la película pero a los adolescentes de cualquier planeta es de suponer que le pasan cosas parecidas. Vía Internet conoce una chica de la Tierra y eso termina por revolucionarle las hormonas. Gardner Elliot (Asa Butterfield), el humano-marciano, comienza entonces a presionar a sus padres, carceleros, tutores científicos, para conocer el planeta de sus padres y por que no, conocer a su padre biológico. El chico marciano es toda inocencia y curiosidad, su amiga terrestre Tulsa (Britt Robertson) es impulsiva, rebelde, problemática una chica institucionalizada que no encuentra una familia que la adopte.

Una vez que pone los pies en la madre tierra el joven tiene problemas de adaptación, a la gravedad(¡!). Bueno el asunto es que se escapa de la Nasa y de la empresa del millonario excéntrico, que dicho sea de paso se había desentendido del experimento al producirse la muerte de la madre de Gardner. Hasta allí la película se maneja aludiendo a recordables filmes del pasado, Starman quizás sea la referencia más clara, pero a partir de la huida el camino que toma es el de la películas taquilleras de moda basadas a su vez en best sellers para adolescentes. Centenares de lugares comunes y situaciones un poco de vergüenza ajena enmarcan el enamoramiento de la pareja despareja, pero al igual que ocurría con otro ET, al marciano el físico no le responde, tiene el corazón más grande de lo que permiten las normas IRAM de supervivencia en la Tierra. Lo que parecía una comedia sobre amor intergaláctica deriva entonces en melodrama al estilo Love Story o La última nieve de primavera, ponele.

El espacio entre nosotros es descaradamente sentimental, rococó y bastante imposible de creer. Pero todo el elenco le pone el pecho a las balas y desde los dos chicos hasta Carla Cuggino, la científica que ocupa el lugar de la madre en los años de crecimiento en Marte y Gary Oldman, en el papel del creador del proyecto un tanto monstruoso y megalómano de colonizar el espacio, logran llevar adelante todo este pastiche cuyo destinatario es el público adolescente que por caso, consume las novelas de la saga Crepúsculo.

EL ESPACIO ENTRE NOSOTROS
The Space Between Us. Estados Unidos, 2017.
Dirección: Peter Chelsom. Guión: Allan Loeb. Fotografía: Barry Peterson. Música: Andrew Lockington. Edición: David Moritz. Intérpretes: Asa Butterfield, Britt Robertson, Gary Oldman y Carla Gugino. Duración: 120 minutos.

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