Compartir

Martín Farina, director de Fullboy (2014) y La generación de las maestras (2007) explora en El hombre depaso piedra, su último film, el abismo conceptual que existe entre el espacio rural y la ciudad. Investiga cómo la intervención de la tecnología no puede penetrar el espacio físico y mental de un hombre que habita en la soledad de su propia filosofía. La vida construida alrededor de una rutina que lejos de agobiar ayuda a tener una razón por la cual volver a levantarse cada mañana.

Mariano Carranza vive por y para su trabajo. A diario organiza su cotidianeidad alrededor de la fabricación de ladrillos a base de barro, bosta y aserrín mediante un metódico sistema. Pero un día llega Farina con su cámara e interrumpe la acción a través de la inmiscuida presencia de la tecnología y una serie de preguntas que despiertan la atención del viejo Carranza quien entusiasmado comienza a desplegar su sabiduría en cada diálogo del film.

La película también indaga en un cuestionamiento sobre el valor de las cosas, la materialidad. Las charlas entre Farina y el hombre que fabrica ladrillos dejan al descubierto la trama secreta del manejo del dinero y cómo, más allá de la cotización en los mercados mundiales, su valor varía según la lógica con la que se lo maneje. El hombre le pregunta a Farina si piensa comprarse una cámara nueva o dejar de alquilar una vivienda. Y en esa respuesta se devela el núcleo del problema: qué hacer con la plata. Farina elige la cámara nueva sabiendo que en el futuro va anhelar la casa propia, y Carranza, sin dudas, lo regaña desechando su opción. Porque “el dinero del alquiler es plata perdida que podría quedarse en tu bolsillo”.

Es justamente el diálogo el tercer personaje de esta historia que se construye a través de la relación entre la imagen y el sonido. La narración crea la trama y así la estructura del film parece ir forjándose a cada paso como quien inventa baldosas al caminar. Lo interesante de esta exploración cinematográfica es no saber hasta qué punto puede llegar la manipulación creativa del autor. Porque El hombre depaso piedra comienza con una subjetiva desaturada pero más adelante sorprende con un videoclip musicalizado por Coiffeur. Y ante esta supuesta disparidad, aun así todo fluye hasta conseguir una obra bella en su complejidad.

Farina se ocupa de la composición de los encuadres y la planificación del espacio de la escena, y parte de allí a busca en cada gesto el sentido de la historia que narra. La imagen laboriosa del entorno campestre y sus maquinarias se pinta de colores sutiles teñido de aroma a guiso, tierra mojada y leños. El retrato es fiel y una vez insertos en este microclima donde el sonido insistente de un reloj marca el paso del tiempo, el idilio se corta cuando en escena aparece la representación gráfica del sonido de la voz que habla. Como un electrocardiograma, el gráfico de la voz se estampa en la pantalla de un software de edición de sonido. Farina está ahí, y nos lo hace saber.

Rodada entre 2008 y 2015, la película invita a recorrer los espacios que son usualmente invisibles ante los ojos del espectador. Es la factoría propia del lenguaje del cine la que la propia maquinaria fílmica oculta intentando no develar su hechura, pero Farina quiebra la ley del cine clásico y logra transparentar los procesos, los hace emerger. Entonces, ante el barro de la ruralidad de un pueblito de Choele-Choel se anteponen las fulguraciones de los rayos catódicos de la tv o la pantalla retina de una Macbook que muestran “el estado natural de las cosas” mediados por sus sistemas. La conexión no será nunca directa, y es ésta mediación tecnológica la que presenta la distancia que El hombre depaso piedra busca exhibir: la Luna duplicada o la representación animada del universo y un poco más.

EL HOMBRE DE PASO PIEDRA
El hombre de paso piedra Argentina, 2015.
Dirección: Martín Farina. Intérpretes: Martín Farina, Mariano Carranza y Cecilia Nai Oleari. Duración: 76 minutos.

Compartir

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here