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Mira: Dios no estuvo en Auschwitz.
Lea: Para mí sí. Recuerdo el día en que se llevaron a todos a la cámara de gas, menos a mí.

Salvo Josef Mengele, no estuvo nadie. Tampoco sé si fue un “milagro”, el azar, o el destino que les permitió salir vivas de ese infierno. Y eso es lo que importa. Porque el Holocausto en sí mismo aliena cualquier tipo de interpretación posible.

Durante la Segunda Guerra Mundial, entre 1939 y 1945, el régimen nazi organizó la mayor maquinaria de muerte con el propósito de depuración racial. En los campos de concentración y exterminio del nacionalsocialismo se asesinaron seis millones de judíos, y cientos de miles de gitanos, homosexuales y discapacitados.

El documental dirigido por Poli Martínez Kaplún nos presenta la historia de Mira Kniaziew de Sputnik y Lea Zajac de Novera, dos polacas de 90 años sobrevivientes del genocidio nazi. Ambas fueron enviadas junto a toda su familia al campo de exterminio de Auschwitz. Tenían 12 y 14 años. Allí permanecieron dos años hasta que la guerra terminó. Desde hace décadas, residen en Buenos Aires donde pudieron conseguir trabajo y formar una familia.

“Quería hacer una película sobre los sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial porque gente que la padeció aún está viva”, comenta la realizadora. Uno piensa que es algo que sucedió hace mucho tiempo. Fue tan atroz, tan siniestra que parece una historia de la Antigüedad o de la Edad Media y sin embargo, es una historia contemporánea…”.

Frente a cámara las mujeres relatan gran parte de su historia con una fluidez asombrosa, mientras las fotos personales y las imágenes de archivo se intercalan como marco histórico. No hay preguntas que desvíen la atención de testimonios estremecedores, al contrario, frente a un contendido tan denso y dramático, Martínez Kaplún logra un registro íntimo, respetuoso frente al tema. La luz cálida y el tono nostálgico de las imágenes dan paso a un cámara que recorre lentamente los hogares de las protagonistas, sus objetos y los detalles de su vida. Hay fotos de sus hijos, de sus nietos, y filmaciones de los lugares o actos donde asisten para contar su historia.

“Luchar en contra de la discriminación para que el mundo saque sus conclusiones”, dice Lea. Y agrega: “siento una obligación moral de hacer esto…Yo necesito que la gente se entere y se de cuenta de que seis millones no es un número de una estadística. Eran seis millones de seres humanos y entre ellos, un millón y medio de niños, jóvenes que recién empezaban la vida”.

Los diálogos entre Lea y Mira contagian vitalidad y despiertan preguntas metafísicas que quedan por contestar a lo largo de un documental cuasi de observación. Presenciar ejemplos de tanto estoicismo, conmueve y maravilla al mismo tiempo. ¿Cómo lo lograron? Ellas siguen sin entender el comportamiento humano, ni el accionar de un mundo que no aprendió de sus errores y atrocidades. Sin embargo, tienen clara su misión: bregar por la memoria y concientizar a las nuevas generaciones sobre los hechos más aberrantes de la humanidad.

LEA Y MIRA DEJAN SU HUELLA
Lea y Mira dejan su huella, Argentina. 2016.
Dirección: Poli Martínez Kaplún. Duración: 52 minutos

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