Compartir

Así es como termina el mundo. No con un estallido, sino con un gemido”. La cita de Los Hombres Huecos de T.S. Eliot viene a cuento de que el fin del mundo en el cine suele venir de manera estrepitosa, servido en formato catástrofe por medio de meteoritos, terremotos, invasiones extraterrestres y plagas zombie, todo muy espectacular para lucimiento del equipo de efectos especiales. Pero también están los apocalipsis de bolsillo que vienen en frasco chico, sin anunciarse ni hacer demasiado espamento, al punto que sus protagonistas tardan bastante en darse cuenta que están en medio de uno. Es el caso del de En lo profundo del bosque, un apocalipsis unplugged literalmente hablando ya que su advenimiento se produce a través de un apagón general que priva de energía a una zona que nunca terminamos de mensurar pero se intuye vasta.

Esta clase de calamidades, que en una ciudad darían para escenas de pánico y descontrol de masas, acá están abordadas a una escala totalmente diferente. Las protagonistas son dos hermanas, Nell y Eva (Ellen Page y Evan Rachel Wood) que viven con su padre en una casa en medio del bosque y bastante alejada del pueblo más cercano. Cuando el apagón las afecte, su experiencia va a tener las particularidades dadas por el escenario. La directora Patricia Rozema no tiene antecedentes en el cine fantástico y está claro que esta premisa más propia de la ciencia ficción no es lo que le sedujo de la novela original sino más bien como excusa para contar una historia de mujeres que descubren su fortaleza en situaciones límites o desafiantes, que eso sí es lo que abordó en toda su filmografía.

Por supuesto, como en otras películas de propuesta similar (La carretera para poner un ejemplo reciente), se trata también de aquello en que podemos convertirnos liberados por una catástrofe que rompe con las leyes y controles. Relatos hobbesianos donde el hombre es el lobo del hombre y siempre aflora lo más salvaje y vil. “Estas crisis sacan lo peor de las personas” sentencia un personaje al principio del evento sin saber (o quizás sí) que está hablando de sí mismo con cierta (no demasiada) anticipación. Pero, aun así, los aficionados duros al género no se van a ver muy satisfechos y van a encontrar todo un poco moroso y pretensioso. Un poco de razón no les falta pero es que es obvio que de lo que se trata es de otra cosa.

Y de lo que se trata sí es de las relaciones, de cómo estas evolucionan, se deterioran o fortalecen en una situación extraordinaria. El paso del tiempo (días, semanas, meses) y el aislamiento funcionan como en un experimento científico para eliminar la mayoría de las variables hasta reducir todo a su mínima expresión. Llegado a cierto punto lo único que importa es lo que pasa entre las hermanas. Por eso la carga del film está puesta principalmente en sus actrices. Page y Wood la soportan, la llevan con destreza y transmiten con convicción el recorrido emocional de Nell y Eva, sus idas y vueltas, altas y bajas, sus debilidades y su incondicionalidad. Porque, a pesar de la carga negativa sobre la humanidad, Rozema no se abandona al nihilismo y prefiere apostar a la solidaridad y la esperanza.

La realizadora explora esa relación y la intimidad de sus personajes hasta en los detalles mínimos. Si lo que se impone es la supervivencia, también tienen su importancia las pequeñas cosas que no se quieren resignar, los pequeños placeres que la nueva coyuntura convirtió en lujos. Y a la vez y en contraposición está la necesidad de cierta renuncia, de seguir adelante y dejar cosas en el camino. En lo profundo… se trataría entonces de una suerte de film post-apocalíptico intimista que apuesta a la dimensión humana de la catástrofe y que, si a veces se pierde y se regodea en su puesta artie, logra sostenerse sobre todo gracias al trabajo y el talento de sus actrices.

EN LO PROFUNDO DEL BOSQUE
In to the Forest. Estados Unidos. 2015.
Dirección: Patricia Rozema. Intérpretes: Ellen Page, Evan Rachel Wood, Max Minghella, Callum Keith Rennie. Guión: Patricia Rozema, sobre la novela de Jean Hegland. Fotografía: Daniel Grant. Música: Max Richter. Edición: Matthew Hannam. Duración: 101 minutos.

Compartir

No hay comentarios

Dejar una respuesta