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La película de Krzysztof Zanussi de 2014 cuenta, según palabras del director en la presentación que se realizó hoy, un relato con tintes autobiográficos. El comienzo sugiere cierta buenaventura; un bello paisaje (aunque demasiado saturado a la manera de una bonita publicidad) sostiene a unos jóvenes que en bicicleta recorren un camino pedregoso y a la vez abierto; un perro los acompaña y parece que la felicidad está del lado de la pareja. A la vuelta del viaje, en una rara elipsis, la joven decide irse para enclaustrarse en un convento e iniciar los caminos del señor. Nunca se explica el porqué de esta decisión. A partir de este momento la película toma otra línea argumental, el joven novio abandonado se emplea en una multinacional. Una chica mala es su jefa, si, una “chica mala” que a la manera de una caricatura no sólo es una jefa cínica sino que además es mala hija, mala amiga, con tintes de lesbianismo, con grandes pinceladas de sadomasoquismo sexual, alcohólica; realmente una mala mujer.

La película abre varias y diferentes líneas narrativas, no expone ninguna con claridad y a la vez ideológicamente es bastante peligrosa. La religión, el feminismo, el amor, las multinacionales, las relaciones humanas, las fuerzas policiales todo está bajo juicio tomando partido de manera incorrecta. La puesta en escena carece de sutilezas, como toda la película, sus personajes son rígidos interpretadores de un guión que, alocado, no encuentra su eje. Una película a la deriva narrativa y estéticamente, que se desborda a cada minuto sumando mas y mas relatos, sin privilegiar ninguno. Como en la famosa Espiral una de sus películas mas emblemáticas, ésta se queda en esa espiralada narración sin centro, sin eje; o como en su opera prima La estructura de cristal de 1969, Obse ciallo se encierra a si misma en una acristalada jaula enrejada, como la joven monja de la película, pero esta vez las ideas que plantea no tienen ningún desarrollo coherente.

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