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Manousakis nos coloca la Tesalónica de 1943, cuando la ocupación nazi comienza a ejecutar la llamada solución final para la cuestión judía. De manera casi imperceptible, la importante comunidad que desde su expulsión de España en 1492 se ha instalado en la ciudad, comienza a ser perseguida por la jefatura nazi, desde impedirles transitar libremente, pasado por la estigmática estrella amarilla -que deben llevar como una afrenta en su pecho-, a la deportación definitiva.

Manousakis, con notable elegancia en el gran marco, enhebra la vida de seres cotidianos nos miserias y grandezas, que intentas acomodarse a los tiempos o enfrentarlos decididamente.

A pesar del maniqueísmo a lo Víctor Hugo, donde los malos son muy malos y los buenos son muy buenos, el film no pierde intensidad y desborda de pequeños detalles que lo enriquecen al punto de escuchar hablar Ladino, aquella lengua de los judíos españoles, que en Tesalónica se mantuvo por 500 años.

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