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La ópera prima de Fernanda Ramondo, No te olvides de mí, es una excelente noticia para el cine argentino, ya que más allá de tener la posibilidad de acceder a un buen film, palpitamos la ilusión de estar frente, y esta vez de verdad, a una excelente y joven directora.

No te olvides de mí cuenta una historia sencilla, una road-movie, que nos lleva al corazón de la Pampa húmeda, en un tórrido verano de comienzos de los años 30. Carmelo y su hermana mayor Aurelia, están en búsqueda de su padre, de quien nada saben hace ya más de diez años, en algún lugar del camino conocen a Matteo Popolano, un anarquista que acaba de salir de prisión y está en búsqueda de sus compañeros de lucha y una mujer, a la que amo. Él es un hombre de los que indisimuladamente cargan con una historia difícil, áspera, pero que ha conseguido mantener la humanidad.

A partir de allí, el trio se embarca en un viaje, que como todos nos llevan a muchos lugares, aunque nunca nos desviemos de la ruta trazada. A lo largo de ese tránsito entre sembradíos y calor, poco se ira revelando de sus vidas. Aunque lo suficiente para que conozcamos que la soledad y el desamparo son condiciones que comparten.

Con esta consigna le alcanza a la directora, para involucrarnos también en ese viaje, donde quizás, en algún recodo, podramos encontrarnos con algo de nuestras propias vidas.

Sin ánimos de develarnos “el gran sentido de la vida”, y si de apenas de contarnos una historia sencilla y tan ajustada que nada queda librado a la improvisación. Un texto prolijo, concreto, que atrapa. No solo por sus aventuras, sino por la belleza de una Pampa, quizás, todavía, un poco salvaje, como sus protagonistas.

La directora Fernanda Ramondo cuenta también con otra virtud, sabe muy bien que quiere y como sacárselo a sus actores, tan profesionales como Leonardo Sbaraglia o recién aventurados a estas lides, como el joven Santiago Saranite o la inquietante Cumelén Sanz.

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