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Bajos instintos, Starship Troopers Robocop, son algunos de los títulos importantes en la carrera de Paul Verhoeven, un director resistido por el establishment a partir de la rebeldía que mostraba en cada una de sus obras que no se ajustaban a los cánones de lo correcto. Y llegó Showgirls, que jugueteaba con el porno para ofrecer una descarnada e incómoda sátira sobre el capitalismo. Esa película casi lo sacó de la industria hasta ahsora, donde el realizador holandés vuelve sobre los temas de siempre, redobla la apuesta (también la incomodidad), adentrándose en la conducta de una mujer que fue violada y que prefiere hacer frente sola al después de la brutal agresión. Pero también que cuando era una niña se enfrentó al escarnio de los medios a partir de una homicidio múltiple a cargo de su padre -en donde ella pudo estar involucrada como parte activa del terrible suceso- y se rearmó para convertirse en una exitosa empresaria. Que toma sus decisiones a partir de la pulsión del deseo -se acuesta con el marido de su amiga-, que se sobrepuso a un marido encantador y violento y lo dejó, que mantiene a un hijo que es un pelele porque corresponde, aunque deja en claro que no la une ningún vínculo afectivo.

Todas estas marcas en la vida Michèle Leblanc (Isabelle Huppert), ella, elle, ofician como elementos definitivos del hermetismo de la protagonista de Elle, una película incómoda que es una apasionada defensa de la mujer como elemento sojuzgado de la sociedad patriarcal -por ende, del capitalismo-, se asienta en ese principio para ir más allá, en la libertad de elección de un ser humano ante las convenciones de la sociedad de la cual forma parte, de lo que se espera de ella, incluso de su propia historia, para tomar las decisiones que la concilian con su posición frente al mundo y ante su propio bienestar.

Verhoeven nuevamente recurre al sexo en su versión más perturbadora, el sexo sin consentimiento, violento. Pero nada es lo que parece y los dobleces de un relato ambiguo dan paso al consentimiento, dobles intenciones, asomarse sin red a la vida de alguien, a su moral, un terreno tan laxo como peligroso en donde la extraordinaria Isabelle Huppert es la intérprete única, la compañera imprescindible para el sinuoso viaje del realizador -también para invitar al espectador-, a territorios desconocidos a los que vale la pena asomarse.

ELLE. ABUSO Y SEDUCCIÓN
Elle. Francia. 2016.
Dirección: Paul Verhoeven. Guión: David Birke (Novela: Philippe Djian). Intérpretes: Isabelle Huppert, Laurent Lafitte, Anne Consigny, Charles Berling, Virginie Efira, Lucas Prisor. Fotografía: Stéphane Fontaine. Música: Anne Dudley. Montaje: Job ter Burg. Diseño de producción: Laurent Ott. Diseño de vestuario: Nathalie Raoul. Duración: 130 minutos.

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