Compartir

Tres cuerpos, tres mujeres, tres selvas. O se trata de lo mismo: tres mujeres que pueden ser una dentro de un ambiente agresivo, en fuera de campo o en imagen.

Reflejos y ecos de la Colombia de las últimas décadas, sin fecha sellada, mostrando (o no) la violencia del estado contra la guerrilla y viceversa. Y en el medio del enfrentamiento, tres mujeres, que podrían pertenecer al ejército o no, o a las células de combate frente al estado o no. Pero ellas están, junto a sus cuerpos, permanentemente invadidos por lo público y lo privado y por las agresiones que parten del conflicto pero también de la fiereza del otro, del hombre primitivo, del macho cabrío que actúa sin contemplaciones sobre las tres mujeres. Sobre los tres cuerpos.

Oscuro animal es una película casi sin palabras y las pocas que se escuchan no interesan demasiado dentro del relato. La potencia de la imagen fusiona en más de una oportunidad esos cuerpos con ese paisaje selvático, interminable, aglutinador de miedos y sensaciones que pueden llevar a la muerte o, como mínimo, a la opresión y a la concreción deseo sin sutileza.


Bienvenida, entonces, esta inserción en la historia latinoamericana de batalla permanente pero observada desde un lugar distinto, contemplando a ese refugio donde la mujer pasa a ser un objeto, una mercancía, un sujeto humillado en medio de una geografía jamás protectora, nunca acogedora.

Las caricias y los afectos no aparecen en Oscuro animal, acorde al tono elegido por el director Felipe Guerrero, quien propone un relato descarnado sobre un conflicto individual valiéndose de las herramientas más riesgosas de que dispone el lenguaje del cine.

Profundos silencios, planos largos, exquisito y funcional uso del sonido (que por momentos parece invadir la piel de las tres mujeres) y una construcción dramática que ejerce una fuerte incidencia sobre el tema.

Es decir, la forma en que está elaborada Oscuro animal, por momentos, triunfa sobre el resto, operando de manera ambigua sobre el resultado final de la película: ciertas escenas aparecen forzadas desde la elección del silencio como única manera de transmitir el discurso y determinados instantes puede que se extiendan demasiado, acaso aferrados a esa elección exquisita que elige hacer prevalecer el “cómo” por encima de otros objetivos.

En ese punto, el oscuro animal adquiere su matiz metafórico. Oscuro desde su forma interior, animal por lo salvaje. Sujeto sin forma, acaso se trate de esa misma geografía acosadora que requiere de la valentía y el coraje de tres mujeres que buscarán alejarse por un rato de la violencia, pública o privada.

OSCURO ANIMAL
Oscuro animal. Colombia/Argentina/Holanda/Alemania/Grecia, 2016.
Dirección y guión: Felipe Guerrero. Fotografía: Fernando Lockett. Edición: Eliane Katz. Intérpretes: Marleyda Soto, Jocelyn Meneses, Luisa Vides, Verónica Carvajal, Josué Quiñones, Pedro Suárez y Lorena Duración: 106 minutos.

Compartir

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here