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Apenas unos días después del 7 de mayo de 1945, en muchos sectores de la costa dinamarquesa, donde los nazis creían se iba a producir el desembarco aliado que finalmente se realizó en Normandía, comienza un operativo para desactivar las más de dos millones de minas antipersonales que se habían instalado para contener a los ejércitos que llegaban a liberar Europa.

Faltado a todas los acuerdos internacionales sobre el tratamiento de prisioneros de guerra, una docena de jóvenes soldados alemanes, poco más que adolescentes, son alistados para la tarea, al mando de un sargento danés, en un inhóspito y solitario sector de esa costa.

Durante varias semanas los soldados sufrirán, no solo la tensión del trabajo, sino que serán hambreados y castigados por cualquier motivo, por el odio desenfrenado que generó el nazismo en los pueblos que dominó.

El film se centra en la relaciones entre el sargento y sus prisioneros eclavos, que obviamente con el transcurso de los días y los accidentes que comienzan a producir muertos entre los jóvenes. Las distancias se acortan entre ellos a pesar de que la situación no deja de producir tensiones y tristezas.

Si bien el film nos va a mantener atentos y expectantes por las vicisitudes del relato, por momentos esas mismas situaciones no dejan de ser obvias y previsibles, así todo el film, no pierde interés, todo lo contrario, la tensión va en un in crescendo constante, que lleva al espectador al agobio, sufriendo las alternativas como si estuviera allí.

Sin nada que lo asemeje a una gran producción hollywoodense, lo que para este crítico es un gran elogio, Tierra minada se constituye, gracias a una excelente dirección de cámaras y actores, en uno de los mejores films de esta décima tercera edición de Pantalla Pinamar.

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