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Basada en un manga japonés homónimo, Ghost in the Shell es un film que plantea la posibilidad de crear robots con cerebro humano. Es decir, que fantasea con la idea de superar las ya conocidas propuestas de la inteligencia artificial. Rupert Sanders se sitúa en un futuro no muy lejano para poner en escena una historia que narra la vida de Major (Scarlett Johanson) uno de los primeros ejemplares en superar la fase de experimentación.

Ghost in the Shell comienza con el nacimiento de Major, y en una secuencia de efectos especiales y sonido impecable, el film abre entregando todo lo mejor de su artillería técnica en la que se destacan planos estéticamente compuestos y un diseño de fotografía con huellas de las últimas tendencias en imagen y tecnología. Así, logra sostener más de treinta minutos de cinta adentrando al espectador a un mundo de fantasía cibernética.

Más allá de la prevalencia de la tecnología y el despliegue técnico del film, la película se posa sobre el problema ético que se presenta cuando se manipula no sólo el cuerpo humano sino también la mente. Ya hemos visto docenas de cyborgs en la pantalla grande y por ese motivo, Major, no sería la novedad. Lo que aquí se pone en cuestión es una nueva forma de robótica empeñada en superar los errores de la inteligencia artificial creando un ser con cuerpo de máquina pero cerebro de humano con todo lo que eso conlleva: sentimientos, sentido de la culpa y, sobre todo, autodeterminación.

A partir de esta premisa existencial, es cuando Ghost in the Shell parece decaer en tanto ritmo y atención. Porque es interesante el planteo psicológico del nuevo cyborg, pero dadas las condiciones de espectacularidad audiovisual que el film venía aportando, el cambio es radical cuando la protagonista se sumerge en el análisis de su pasado del cuál sospecha no conocer toda la verdad. Por eso entre gliches (errores informáticos que se volvieron objetos estéticos para el mundo del diseño) y una suerte de laberinto de batallas llenas de explosiones y armamento del futuro, la película se diluye hacia el final. Sin embargo, es una excelente pieza fílmica que se encamina hacia otra forma de hacer ciencia ficción: una más preocupada por la ética sin dejar de lado las necesidades espectatoriales de un público cada vez más avezado en juzgar la calidad tecnológica del producto que se le ofrece.

LA VIGILANTE DEL FUTURO. GHOST IN THE SHELL
Ghost in th Shell. Estados Unidos, 2017.
Dirección: Rupert Sanders. Intérpretes: Scarlett Johanson, Takeshi Kitano, Juliette Binoche. Fotográfia: Jess Hall. Montaje: Billy Rich y Neil Smith.

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