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Desde hace más de una década el cine ecuatoriano viene produciendo cine y afortunadamente en muchas oportunidades nos ha sorprendido con títulos interesantes. Cineastas como Camilo Luzuriaga o Sebastián Cordero, hace tiempo que han dejado de ser promesas para convertirse en grandes concreciones, realizando un cine de altísima calidad artística y técnica. Detrás de ellos hay docenas de nuevos y no tanto, realizadores, que están sosteniendo con sus aportes que el cine ecuatoriano continué con su expansión, más allá de las limitaciones, esencialmente financieras, que todas las cinematografías latinoamericanas deben padecer.

Para expandir las fronteras es que llega a Buenos Aires la primera edición del Festival Cordillera, dirigido por el ecuatoriano Gabriel Roldós, donde se podrán producciones audiovisuales de Ecuador y también de Argentina entre el 6 hasta el 12 de abril en Gaumont (Av. Rivadavia 1635), en donde se proyectarán nueve largometrajes y once cortos.

Entre la oferta de films vale la pena repasar tres títulos ineludibles de esta primera edición del Festival Cordillera:

Mono con gallinas, de Alfredo León León (2012)
Una historia que nos retrotrae a la Guerra del 41 entre Ecuador y Perú. Su protagonista Jorge, un muchacho de apenas 17 años, que se convierte en la metáfora de todos los jóvenes que han marchado a la guerra en cada lugar del mundo y en cada momento de la historia. Lo veremos perdiendo su juventud y sus sueños, al son de los cañones, cada vez más sanguinarios. Herido y tomado prisionero por los peruanos, transitara una larga temporada en un campamento perdido de la selva, que también le dará oportunidad para enamorarse de una inalcanzable enfermera. Bien narrada, con actuaciones sólidas y sin caer en patetismo, Mono con gallinas, además de permitirnos conocer parte de la cinematografía ecuatoriana, nos lleva a rincones de la historia del continente tristemente desconocidos por los propios latinoamericanos.

La importancia de llamarse Satya Bicknell Rothon, de Juliana Khalifé (2013)
Un documental centrado en la lucha contra la burocracia de una pareja de dos mujeres ingles, por registrar a la pequeña Satya como hija de ambas, lo que para muchos funcionarios públicos ecuatorianos y parte de la sociedad es una verdadera aberración diabólica. Si bien cualquier lucha por la reivindicación de derechos (como es el caso de Helen y Nicola, las dos mamás de Sayta), nadie podría estar en desacuerdo pero desde el punto de vista cinematográfico, el film no fragua, le falta continuidad e intensidad. En el buen cine no se construye solo con una buena historia o con una reivindicación importante, el cine necesita de otros elementos claves, justamente para que aquella historia, no pierda interés y las reivindicaciones solo termine en un folletín protestón.

Instantánea, de Catalina Arango (2013)
Un film de corte infantil donde se narra con bastante dificultad la temporada de una preadolescente, que tendrá que pasar junto a sus abuelos en la casa de la paya. Con todos los aditamentos empalagosos que se entienden, no deben faltar en un film, incluso hasta una muerte tan esperable como las verdaderas. Nada, un intento y no más que ello, en un cine que ha tenido con la misma producción logros muchos más interesantes

Alba, de Ana Cristina Barragán (2013)
Clásico conflicto de una joven con padres separados. Alba debe irse a vivir con su padre, mientras su madre está internada, en tanto vivirá los cambios propios de su edad, escondiendo ciertas realidades. Interesante indagación de ese mundo siempre tan misterioso que es la adolescencia.

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