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Cuando hace un par de años se estrenó Edén (2014) de Mia Hansen-Love, que pasó totalmente desapercibida en la cartelera de cine, hice referencia al tono agridulce de la propuesta que recaía en un grupo de jóvenes, su paso de la adolescencia a la adultez, el paisaje musical a través de la música electrónica y los acontecimientos –tristes, alegres- que se presentaban en la trama. El secreto del film, desde su aspecto narrativo, hacía hincapié en el tono asordinado, sin histerias ni griteríos, y en aquellas cosas importantes que les sucedían a los personajes pero donde la directora jamás elevaba el tono de voz ni reclamaba respuestas eficaces de parte del espectador.

De los jóvenes de Edén (estupendo film) a la profesora de filosofía que interpreta Huppert con su reconocida sabiduría actoral, subyace un trayecto de edades y conflictos diferentes; sin embargo, la mirada de la cineasta (también actriz) Hansen-Love es la misma en esta nueva historia y también lo había sido en la anterior El padre de mis hijos (2009).

El porvenir o una nueva vida es la que le espera a Nathalie Chazeux, una vez enterada de que su marido tiene otra mujer, que deberá estar atenta con los dilemas de salud de su madre, que un ex alumno se ha convertido en profesor y que el tiempo avanza progresivamente hasta convertirla en un sujeto rutinario y domesticado por un orden social.

A la espera de un futuro más venturoso y diferente a ese presente repleto de cambios, la profesora de filosofía –ajena a cualquier motivación política de los jóvenes que la rodean- vive esa etapa de inestabilidad emocional en donde las rutinas y obligaciones no pueden alterarse frente a determinadas novedades.

Entre fundidos y un uso y nunca abuso de la elipsis de manera magistral, el tiempo transcurre en la vida de Nathalie: su hija la convertirá en abuela, la madre pasará a ser el mejor de los recuerdos y los jóvenes ex alumnos y ahora profesores contrastarán en presencia y felicidad frente a la especialista que no anda tan lejos de los sesenta años.

En ese punto, El porvenir, como ocurre con otros títulos de la directora (cinco hasta hoy) es un acabado ejemplo de cine sensorial, de cruces de miradas, de afectos olvidados en el tiempo, de ese tiempo que fluye sin pausas.

Y nada mejor que tener a la impresionante Isabelle Huppert, cameleónica y extraordinaria actriz, para entregar un cuerpo y un rostro que trata de encontrar algún espejo referencial alrededor suyo que le impida afirmar que el tiempo es veloz, imparable, avasallante en su transcurrir, sin posibilidad alguna de retorno ni mirar atrás.

EL PORVENIR
L’avenir. Francia/Alemania, 2016.
Dirección y guión: Mia Hansen-Love. Producción: Charles Gillbert. Fotografía: Denis Lenoir. Montaje: Marion Monnier. Con: Isabelle Huppert, Edith Scob, Roman Kolinka, André Marcon, Sarah Le Picard, Solal Forte, Elise Lhomeau, Lionel Dray, Marion Ploquin. Duración: 102 minutos.

UNA NUEVA VIDA

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