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Es la norma en las animaciones infantiles que se lanzan de manera más o menos periódica al mercado cinematográfico ofrecer dos niveles del relato: Uno dirigido a los niños, con personajes, escenas, mensaje y un tipo de humor diseñado para que puedan comprenderlo y disfrutarlo.

Y otro nivel dirigido a los adultos, con gags, guiños y referencias que estos pueden decodificar, posiblemente para asegurarse que los grandes que llevan a los nenes al cine no se embolen mientras estos se divierten. A los realizadores de Anina, esto no parece interesarles demasiado. Saben que su público son los chicos y a ellos se dirigen poniendo en escena referencias que son inmediatamente reconocibles para ellos: los problemas en la escuela, con la autoridad (padres y maestros), las amistades, las rivalidades, las tareas, lo que los compañeros piensan y dicen, la incomprensión adulta (aún si hay buenas intenciones) y aquellas cosas que pueden parecer banales para los mayores pero que para ellos son cruciales. Esto no quiere decir que los grandes se vayan a quedar afuera, pero sería menester para que la experiencia sea disfrutable (que lo es) que se acuerden por un rato como era esos de ser niño y que pensamientos, ideas y preocupaciones les pasaban por la cabeza allá lejos y hace tiempo.

Anina Yatay Salas es el nombre completo de la niña protagonista. Y, como se observa a simple lectura, las tres palabras que lo forman son palíndromos, o palabras capicúa para decirlo en criollo, que se leen de igual modo en ambos sentidos. Esto le ocasiona algunas burlas en el colegio y esto, que a los ojos adultos puede parecer una pavada, para alguien en edad escolar no es ningún chiste. Claro que la cosa no es tan simple ya que aún peleada con su nombre Anina colecciona boletos capicúas, así que algo de ese particular mundo idéntico del derecho y el revés también la atrae. La película va a mostrar una semana en la vida de Anina que arranca con una pelea con Yisel, una compañera a quien no soporta y llama “la elefanta”, lo que provoca que ambas sean sancionadas con un castigo más bien misterioso y enigmático (un sobre lacrado que no pueden abrir por todo ese periodo), y a partir de ahí todo lo que le pasa en el medio.

Esa opción por la perspectiva infantil, también deriva del hecho de que el film está basado en una novela para chicos del escritor e ilustrador uruguayo Sergio López Suárez que en su edición fue ilustrado por Alfredo Soderguit, a la vez el director de la película. Soderguit, que aquí hace su debut en ese papel, opta por una animación 2D en el diseño y movimiento de los personajes combinándola con unos decorados 3D elaborados y complejos en lo que hace a las texturas, matices y detalles, con una estética bella y original que respeta la del libro (obvio, es también la suya) a contrapelo de los estandarizados diseños de la animación más mainstream. Su origen uruguayo se puede rastrear en esos escenarios y ambientes como algo reconocible de la atmosfera rioplatense que puede ser la de algún barrio de Montevideo, Buenos Aires o el Conurbano, con sus veredas, sus casas bajas, sus negocios, sus paradas y colectivos. Además de un aire medio melanco que es también local.

Soderguit opta además por un relato más relajado, alejado del habitual ritmo frenético y al palo y más cerca de la cotidianeidad de los chicos. Aunque también están presentes los escapes a la fantasía y los sueños que permiten un despliegue más variado y ciertos recursos imaginativos como un sueño musical aterrador a puro coro y bajada de pedagogía añeja. Hay por supuesto un mensaje o enseñanza para los niños al final del recorrido que tiene que ver con la tolerancia y ponerse en el lugar del otro, e incluso una crítica para los adultos acerca de la educación, las formas de ejercer la autoridad y el sentido o no del castigo que se sintetiza en el clásico “la letra con sangre entra”.

Alejado del estruendo, Anina es un film amable y cálido, que se propone como un boleto (capicúa, por supuesto) para pasear por el mundo de la infancia, pasada o presente.

ANINA
Anina. Uruguay, 2013.
Dirección: Alfredo Soderguit. Voces: Federica Lacaño, María Mendive, César Troncoso, Cristina Morán, Petru Valenski, Roberto Suárez, Gimena Fajardo, Florencia Zabaleta. Guión: Federico Ivanier, Alfredo Soderguit, Julián Goyoaga, Alejo Schettini, Germán Tejeira, basado en el libro de Sergio López Suárez. Música: Gastón Otero, Bruno Boselli. Edición: Julián Goyoaga, Germán Tejeira. Duración: 78 minutos.

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