Compartir

Difícil permanecer indiferente ante semejante personaje que no permite contradicciones, medias tintas, zonas ambiguas. Un escalón por encima de Néstor, Lula, Evo o Correa en cuanto a amores y odios, el fanatismo a favor y en contra surge cuando se habla de Chávez y de aquellas dos décadas en actividad en donde su nombre recorrió Latinoamérica y llegó a los oídos sorprendidos de los todopoderosos dueños del mundo.

Se fue rápido (para alegría de muchos y llanto incontenible de muchísimos) y quedó un legado, un país, un continente muy distinto al de la aquella epopeya bolivariana.

Basta de dar vueltas: Chávez infinito de la directora argentina María Laura Vásquez es la entronización de la efigie, de la estatua del comandante, del mármol indiscutible. A cuatro años de su muerte el documental recorre la vida del personaje desde su labor militar, con el Caracazo como emblema, desde aquellos días en que fue desalojado del poder y a las 24 horas repuesto en su cargo (sobre el tema recomiendo ver “La revolución no será televisada”), hasta década y más adelante en donde su nombre superaría las fronteras de su país.

Formalmente hablando, el trabajo de Vásquez no sale de cierta rutina de informe periodístico en vertiente elegíaca, con buen material (conocido o no), imágenes de discursos, registros televisivos y de archivo, variantes entre el color y el blanco y negro, un tanto como si se tratara de un informe ampliado de TeleSUR.

Pero no son estas imágenes las que sorprenden e impactan, sino aquellas que testimonian desde el barro inicial, desde la nada absoluta, desde el cómo diversas voces y figuras terminaron comprometiéndose con la prédica revolucionaria propuesta por el chavismo.

Es que en Chávez infinito hay dos personajes: uno, por supuesto, el motivo central del documental, el elegido por la Historia, pero también, por la gente, por ese pueblo que abrazó su causa y sus motivaciones, sus virtudes y sus errores.

En ese sentido, los testimonios “de los de abajo” (por ahí se cuela un periodista español en óptica de admiración al personaje) autorizan sostener un marco referencial bastante inédito en esta clase de trabajos: no hay palabras de otros políticos, ni de adherentes castrenses a los objetivos chavistas ni tampoco referentes de importancia (o no) de orden mundial.

Son personajes anónimos los que comentan sobre Chávez y el lugar que ocupa en la Historia y en sus historias particulares. Desde aquella desconfianza inicial por provenir del ámbito militar hasta el convencimiento por su figura y su palabra, pero también, debido a que jamás se olvidará de ellos, de esos desclasados y subproletarios convertidos en proletarios.

Las imágenes de Chávez bajo la lluvia, ya enfermo, junto a las palabras finales de un par de entrevistados, reúnen en un mismo punto aquellos triunfos, aquellos días felices y un futuro pleno de interrogantes.

La Historia aun se sigue escribiendo.

CHÁVEZ INFINITO
Chávez infinito. Argentina/Venezuela, 2017. Dirección: María Laura Vásquez. Guión: Alejandra Laprea y M. L. Vásquez. Fotografía y cámara: Miguel Ángel Machado. Montaje: Florencia Mujica. Banda de sonido: Víctor Luckert. Producción: Fernando Sulichin, Maximilien Arvelaiz, Mark Johnson, Guillermo Elvala y Alejandra Laprea. Duración: 76 minutos.

Compartir

1 Comentario

  1. Hacer un documental de un asesino nos indica que clase de persona es su realizadora y que salga a la luz en un cine argentino después del asesinato indiscriminado de nuestros jóvenes en las calles de Venezuela la convierte en cómplice de una dictadura…. Vergüenza da este tipo de cosas… Vergüenza dolor e impotencia…

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here