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No es fácil ser un juglar contemporáneo. Niñato lo es, y en su rima no solo se ve un gran caudal de cinefilia. La cámara asiste a los múltiples y cotidianos rituales que, los niños y su padre, emprenden cada día.

El juego como modo de interacción, expresión y enseñanza está presente en toda la puesta. Interactuando por medio de la canción, el “freestyle rap” domina las escenas. El niño Oro muestra gran aptitud para la música, así como también gran pesadumbre a la hora de la tarea. Un Madrid frio y gris, que no parece dar muchas oportunidades, oficia de escenario para un artista que pretende, y lucha, por expresar los ideales de su gente.

Una cámara que transita libremente por la casa, sin pudor y sin ser entrometida permite una experiencia cargada de belleza y ternura.

Niñato, de Adrian Orr (España 2017)

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