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Hace apenas un par de meses comentábamos el estreno de un film, Intrusos, con un planteo argumental al que zumbonamente rotulábamos como “a los cacos le salió el tiro por la culata”. A este planteo al que todavía no nos animamos a llamar subgénero pertenece La posesión, el film que hoy nos ocupa, y en ambas de lo que se trata es de poner en escena situaciones en donde un grupo de malvivientes irrumpe en un hogar presuntamente indefenso para darse cuenta de manera inesperada y desagradable que la víctima es más peligrosa que ellos. Si la primera estaba además encuadrada dentro de las Home Invasion Movies, está ultima lo hace dentro del de las películas de secuestro particularmente los secuestros que salen mal. Y si le buscamos la vertiente sobrenatural que es la aquí explotada tampoco le faltan antecedentes. No antecedentes ilustres claro, porque una película  como Susurros de terror (2007) pasó sin pena ni gloria, pero sirve para darse cuenta que la idea tampoco es nueva.

Los secuestradores son una banda de cuatro liderados por una chica, Hazel (Sharni Vinson), que después sabremos que tiene razones más personales que las supuestamente estratégicas para elegir el blanco. Lo mejor que se puede decir de tal grupete es que se lookean con entusiasmo, y que con sus peinados modernos y ropas cancheras, podrían tranquilamente pasar por una banda de rock alternativo. Eso sí, como secuestradores son bastante ineficientes. Para justificarse ante sí mismos (y ante el espectador) y además justificar la movida se nos presentan como en una situación desesperada. Antes de salir al rudo Hazel les (nos) larga un “es nuestra última chance de vivir una vida normal” que suena muy poco convincente, más aún que viendo lo que gastaron en tecnología no parecen estar tan de última.

La victima en cuestión, Katherine (Carlyn Burchell, que está bastante bien como una especie de Barbara Steele en jogging) es la hija de un millonario comerciante de diamantes que desde un principio se ve bastante perturbada. Su pinta y la forma de aparecérseles, además del el ambiente enrarecido de la casa ya les grita a sus captores en la cara que deberían desconfiar de la situación apenas entran. El problema es que ellos no se apiolan pero el espectador enseguida se da cuenta que está todo mal con esa gente y que parece que se están llevando secuestrada a Linda Blair directo desde la cama de El Exorcista, así que queremos suponer siendo bien pensados que los realizadores no iban por la sorpresa.

Una vez que llevaron a la rehén al lugar de cautiverio, una fábrica abandonada, se van a empezar a dar cuenta que no fue una buen idea, que la víctima está poseída por un demonio y que ellos están justo en su camino de salida. A partir de ahí (en realidad de mucho antes) todo se vuelve previsible y vamos con las escenas de manifestación demoniaca, zombificación, visiones de pesadilla y muertes horribles. Como los secuestradores son además bastante exasperantes, el pasaje de victimarios a víctimas y la necesaria identificación se hace muy cuesta arriba y lo que sucede es que van cayendo sin que a uno le importe demasiado.

La locación de la fábrica abandonada le va a dar al film una atmósfera de tonalidades cobrizas y un ambiente oscuro,  sucio y herrumbroso que debería acompañar el relato. Todo es bastante obvio y hasta el recurso pobre de que se enteren (y nos enteremos) de lo que había pasado previamente con Katherine a través de unos tapes de video que encuentran de casualidad demuestra por parte de los autores una actitud bastante perezosa. Otra muestra de que aquí los secuestradores no son los únicos indolentes y el secuestro no es lo único fallido.

LA POSESIÓN
From a House on Willow Street. Sudáfrica. 2016.
Dirección: Alastair Orr. Intérpretes: Carlyn Burchell,  Zino Ventura,  Sharni Vinson,  Steven John Ward, Gustav Gerdener. Guión: Catherine Blackman, Jonathan Jordaan, Alastair Orr. Música: Andries Smit. Edición: Alastair Orr. Duración: 88 minutos.

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