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Dicen que el mar alegra a las personas. Dicen también que sus propiedades salinas provocan la liberación de la hormona de la felicidad causando bienestar general a todo aquel que se sumerja en sus aguas. Verdad o mito, lo cierto es que el oleaje hipnotiza y la brisa marina que golpea los rostros no causa ninguna sensación que no sea placentera. Sin embargo, hay momentos en los que la costa no es sinónimo de verano y diversión sino de duelo y despedida, como en el caso de Pinamar, la segunda película de Federico Godfrid.

Ante la inesperada muerte de su madre, Miguel y Pablo deben viajar a la casa de veraneo ubicada en la localidad balnearia de Pinamar para vender el departamento de su propiedad. El viaje también servirá de excusa para concluir la etapa de duelo esparciendo sus cenizas al mar en un acto simbólico de despedida. Ambos hermanos parecen contener la tristeza y en continuos actos de evasión mental, el film los muestra disfrutando del dolce far niente o el placer de hacer nada. Paseos nocturnos por la noche, porro, birra y hasta un amorcito costero.

Hacer nada ante la angustia también es vivir el dolor y más aún cuando lo inesperado ocurre y hay que actuar ante la contingencia. Por eso, Miguel y Pablo, con sus personalidades casi opuestas, lo único que tienen que hacer es transitar el proceso. Y será en cada acción vacía de contenido productivo, que cada uno de ellos se liberará de la carga sentimental que carga. Y ante la nada, el todo. La venta del inmueble con todas sus pertenencias dentro (un fragmento de infancia en cada uno de los objetos) no puede significar otra cosa más que la conclusión de una etapa de la vida de cara a la responsabilidad y las exigencias de la adultez.

Pinamar es un film que representa la ambigüedad de la angustia del ser cuando opone de forma constante el sentimiento con la materialidad y la nostalgia. Elementos que se prendan de sentido cuando entran en juego con la historia propiamente dicha. Por eso, es una película sensible que no busca dejar enseñanzas, sino sensaciones. El mar, el recuerdo y el adiós. Y un amor pasajero como piedra angular de la construcción de un nuevo comienzo.

PINAMAR
Pinamar. Argentina, 2016.
Dirección: Federico Godfrid. Intérpretes: Juan Grandinetti, Agustín Pardella y Violeta Palukas. Guión: Lucía Möller. Fotografía: Fernando Lockett. Música: Daniel Godfrid, Sebastián Espósito. Edición: Valeria Otheguy. Dirección de arte:Lucila Presa, Manuel Faillace. Sonido: Martín Grignaschi. Duración: 84 minutos.

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