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Entre las tantas tragedias que la Revolución Libertadora desplegó sobre el país, quizás la más emblemática sea la historia del Hospital Pediátrico, que había comenzado su construcción 1951, tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón en 1955, la obra quedo inconclusa cuando faltaba poco para terminarlo. El gigantesco edificio, durante décadas, pasó a ser el emblema de la decadencia argentina.

La pobreza y el crónico déficit habitacional obligó a muchísimas familias buscar refugio en la mole hueca que pasó a llamarse el Albergues Warnes, instalando una villa miseria en sentido vertical. Miles de personas hicieron allí su vida y en torno a ese predio de 19 hectáreas en plena Capital Federal, se tejieron innumerables leyendas vinculadas fundamentalmente a la marginalidad y la “peligrosidad” de sus habitantes.

Embozados tras un negocio inmobiliario, en 1990 el gobierno del Carlos Menem decidió la clausura y demolición del Albergue y para ello, la primera medida fue relocalizar a las ciento de familias que entonces lo habitaban. Para darles viviendas “dignas” construyó el Barrio Ramón Carrillo, un complejo habitacional de setecientas casas, que al poco tiempo de empezadas a habitar quedaron expuestas su fallas y carencias, lo que evidenciaba que el barrio había sido construido al solo fin de cambiar el problema de lugar.

En terrenos anegados, con napas contaminadas, con redes cloacales y eléctricas más que improvisadas, los cientos de vecinos descubrieron la estafa del gobierno.

El contundente relato de Darío Arcella se instala en el Barrio Carrillo 25 años después, donde se evidencia ya no solo del desastre edilicio que significó el negociado, sino y sin duda mucho más grave, la debacle social en que vive sus habitantes.

Violencia, drogas, represión y abuso policial, marginalidad, peleas entre bandas rivales y muertes por ajustes de cuentas es la escenografía que transita el film de Arcella.

Con la clásica estructura de tomar un pequeño grupos de esos habitantes y dejarlos moverse y hablar libremente, apoyándose en imágenes contundentes y muy bien editadas, el relato mete de cabeza en la historia de un lugar que a pesar de estar a minutos del centro de la ciudad, muchos no creerían, que pudieran pasar tan cerca de sus vidas. Arcella, ni interpreta, ni explica, ni opina, solo abre su cámara y su micrófono para capturar lo que sucede y cómo sucede. Lo que sin duda es el mayor logro de este film, que si bien es un documental, podría considerarse un honesto descendiente de Milagro en Milán o Los olvidados.

LOS RELOCALIZADOS
Los relocalizados. Argentina, 2017.
Dirección y guión: Darío Arcella. Duración: 99 minutos.

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