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Pasaron once años desde que la nave Prometeo que transportaba un equipo multidisciplinario, encargado de averiguar nada menos que el origen del hombre, desapareciera sin dejar rastro -los únicos sobrevivientes en el planeta de los ingenieros eran la doctora Shaw (Noomi Rapace) y el androide David (Michael Fassbender)-, pero la humanidad sigue explorando el universo y ahora es el turno de la Covenat, con una mínima tripulación, 2000 colonos y miles de embriones que se dirigen hacia el Origae-6, esperanzados en que sea su nuevo hogar. Pero hay unos desperfectos en la nave que determinan que definitivamente nadie quiera volver a hibernar para llegar al lejano destino, así que se decide cambiar los planes y averiguar las factibilidad de otro planeta, más cercano y que aparentemente tiene todo lo necesario para vivir. Bueno, lo de vivir está por verse porque el lugar no es precisamente amigable y lo que les espera es el horror en varios formatos, tamaños y ferocidad.

Pero antes de todo esto hay un prólogo, en donde Walter (Michael Fassbender), un ser sintético, realiza pruebas frente a su creador (Guy Pearce), responde satisfactoriamente sus preguntas e inmediatamente pasa a la ofensiva, interrogando sobre su propio devenir y con lógica implacable, sobre el origen de su padre y un poco más allá, sobre el origen de la especie humana. Este sintético es parte la la tripulación del Covenat y se encontrará en el planeta del horror con David, que tuvo más de una década en contestarse las mismas preguntas y llegar a algunas conclusiones inquietantes, que claro, lo llevaron a proceder en consecuencia.

Lo que sigue es un duelo dialéctico, filosófico y también físico entre dos organismos sintéticos (imposible imaginarse otro actor que no sea Fassbender para el doble rol), con posiciones encontradas sobre el destino del hombre, mientras los cuerpos desmembrados se van acumulando, la heroína de turno hace lo que puede (hay que decirlo, Katherine Waterston no le llega ni a la suela de los borceguíes embarrados de ectoplama a la legendaria Sigourney Weaver) y el bicho evoluciona hacia la perfección.

Alien: El octavo pasajero sentó las bases del cambió del paradigma de la ciencia ficción combinando elementos del terror e inquietantes connotaciones sexuales para atreverse a hacer las preguntas correctas sobre el origen, el camino y los porqué de la existencia del hombre -las mismas cuestiones que serían el eje de Blade Runner en 1982, también de Ridley Scott-; Aliens, el regreso (James Cameron) abandonó un poco la senda filosófica y le agregó el género bélico (Vietnam era la referencia más obvia); Alien 3 (David Fincher) fue injustamente denostada por su puesta religioso-medieval y la falta de armas (¿?); y Alien: resurrección (Jean-Pierre Jeunet) fue un rejunte de cosas que en un intento de estirar a la inolvidable Ripley, bueno…, la clonaba.

Más cercana en el tiempo, Prometeo significó la vuelta de Ridley Scott a su criatura más preciada con un film de transición, aunque comenzaba a revelarse el originen del monstruo, una cronología necesaria para llegar a Alien: Covenant. Que es impresionante. El adjetivo elegido no es casual en tanto la nueva entrega asentada sobre en el asqueroso y letal xenomorfo es estremecedora a casi 40 años después de la película fundante de la saga, otra época donde monstruos de todo tipo están al alcance de un click (de paso no esta mas dejar en claro que casi todas estas criaturas son versiones del bicho que nos ocupa). Como si el tiempo no hubiera pasado, en buena parte del relato recrea con éxito el miedo y la repulsión original.

Es decir, para los que vieron la saga capítulo a capítulo en cine, para los otros que fueron asomándose a ese universo frío y hostil a través de los dvd, el cable y el resto de los soportes usuales, es bastante conmovedor que todos los esfuerzos de Ridley Scott estén concentrados en volver a las fuentes, a que cobren nuevos significados la ya famosa frase promocional de la vieja, legendaria y querida Alien, el octavo pasajero: ¡En el espacio nadie podrá oír tus gritos!

ALIEN: COVENANT
Alien: Covenant. Estados Unidos/Australia/Nueva Zelanda/Reino Unido, 2017:
Dirección: Ridley Scott. Intérpretes: Michael Fassbender, Katherine Waterston, Billy Crudup, Danny McBride, Demián Bichir y Carmen Ejogo. Guión: John Logan y Dante Harper. Fotografía: Dariusz Wolski. Música: Jed Kurzel. Edición: Pietro Scalia. Diseño de producción: Chris Seagers. Duración: 122 minutos.

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