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Acerca de “Gimme Danger” y “Paterson”

En el Festival de Cannes de 2016 Jim Jarmusch presentó no una sino dos películas: un documental, Gimme Danger, sobre la historia de los míticos Stooges y Paterson, una ficción. A pesar de que el nombre de Jarmusch no es desconocido para la cinefilia local, ninguno de los dos films se estrenó en Argentina y no hay planes de que vayan a hacerlo. De hecho no se estrena una película suya en sala desde Flores rotas (2006). Por supuesto, esa misma cinefilia se las ha arreglado y se las va a seguir arreglando para ver lo que la cartelera le niega. No hace falta que digamos cómo…

Se trata de dos films muy distintos entre sí, en género, temática, intensión e intensidad. Sin embargo de alguna manera se complementan. Por lo menos así lo vemos aquí, como dos lados del mismo disco.

LADO A: ELECTRICO

No es la primera vez que Iggy Pop participa de una película de Jarmusch. Recordar el segmento de Coffe and Cigarettes (2004) donde Iggy protagonizaba una incómoda escena, sobre todo para él, junto a un irascible y camorrero Tom Waits. Tampoco es la primera vez que Jarmusch se ocupa del rock. Fuera de la escena mencionada, habíamos visto recientemente en Only Lovers Left Alive (2013) a un vampiro rocker interpretado por Tom Hiddleston aficionado a las guitarras vintage y ya en Mistery Train (1989) deambulaban por Memphis Joe Strummer y Screaming Jay Hawkings mientras sobrevolaba por ahí el fantasma de Elvis. Pero sobre todo el más obvio antecedente en su filmografía es Year of the Horse (1997), el documental que seguía en la ruta a Neil Young y su banda Crazy Horse.

En Gimme Danger acompañamos a Iggy y sus chiflados en la historia de la banda fundacional y de culto que influenció de manera definitiva al Hard rock, al Heavy Metal y sobre todo al Punk -lo que le valió el rótulo resignificado de Proto-Punk junto a sus amigotes de MC5- y que hoy es reverenciada por músicos y público rocker como nunca lo fue mientras estuvo originariamente activa. Documental de factura más bien tradicional, con entrevistas y archivo, el asunto –y el plus- está en qué entrevistas y qué archivo. El archivo es abrumador y exhaustivo, con las escasas imágenes en fílmico que existen de los Stooges en su primera época y una cantidad de fotos en vivo de backstage y personales. Y en cuanto a los entrevistados se puede decir que están todos los que tienen que estar. Desde Iggy, máximo protagonista y narrador, a los originales y fundamentales hermanos Ron y Scott Asheton (ambos finados recientemente en las que probablemente sean sus últimos testimonios) y la mayoría de los músicos que pasaron por la banda y que sobrevivieron para contarlo. Además del esencial Danny Fields quien manejo a la banda en sus años de fuego.

Jarmusch toma una decisión interesante con la temporalidad del relato. Arrancando en la separación del grupo en 1973, después de tres discos indispensables -pero que no vendieron demasiado- cuando exhaustos, pasados de drogas, sin un dólar en el bolsillo, ignorados por la prensa y la industria y prácticamente parias en su propio sello discográfico deciden tirar la toalla ante un éxito esquivo y la indiferencia general. Como para que quede claro que, así de monolíticos e influyentes como fueron, no alcanzaron el reconocimiento debido en su propia época y la cosecha sería abundante pero tardía.

De ahí vamos para atrás , a sus origines proletarios, donde viene al caso la etiqueta “héroes de la clase trabajadora”, con Iggy viviendo con sus padres en una casa rodante, los Asheton y Dave Alexander bordeando la delincuencia juvenil y con una competencia no demasiado destacada con sus instrumentos. Lumpenaje en estado puro, bien alejado de la pretensión de las escuelas de arte. El caldo de cultivo ideal para el poder crudo, la distorsión, las letras desesperadas y desafiantes. Letras que hablaban del hastío de la vida suburbana, la falta de expectativas y el amor raro (“Quiero ser tu perro”). Y también está el contexto macro que contribuyo a ese sonido abrasivo, la ciudad de Detroit, hoy en ruinas (algo que Jarmusch mostró en Only Lovers Left Alive), en ese entonces potencia motorizada e industrial, pesada y brutal, lejos del verano del amor de San Francisco y su flores en el pelo. Aquí son las flores en la basura, contexto fundamental para comprender el surgimiento de la criatura y su crecimiento al amparo de sus conciudadanos, los MC5, suerte de padrinos y hermanos mayores.

Gimme Danger muestra como la de The Stooges es una parábola no tan original pero en una versión bastante extrema. Crecimiento (moderado), caída (estrepitosa) y regreso (con gloria). Así el documental culmina con la reunión exitosa de 2003 hasta cuando en 2016, cuando ya solo quedaban vivos Iggy y el guitarrista James Williamson, fue hora de cerrar definitivamente la persiana pero con un mejor gusto en la boca. Allí están la reivindicación merecida, el Hall of Fame y el bronce. Pero queda claro en el film y con la sonrisa socarrona del viejo Iggy, milagroso sobreviviente, que los honores le gustan pero no se los toma tan en serio y sigue dispuesto para un buen Fuck You, listo a buscar y destruir.

LADO B: UNPLUGGED

Paterson remite a una zona bien distinta pero tampoco nueva en el universo Jarmusch, la de sus primerísimos films como Permanent Vacation (1980) o Strangers in Paradise (1984). Films contemplativos, con pocos personajes que juegan más como testigos y la ausencia de un conflicto principal que motorice una trama que es más bien mínima. Libre del peso de esa trama, se trata de un cine de observación y retrato de personajes.

Y aquí el personaje es todo. Paterson, interpretado por Adam Driver, es un chofer de autobús que hace un recorrido diario por la ciudad de Paterson, New Jersey, y en sus tiempos libres escribe poemas en un cuadernito que siempre lleva consigo, aunque sin ninguna perspectiva de publicarlos. La estructura del relato está dada por los días de una semana. De lunes a domingo, seguimos a Paterson en un periodo tan arbitrario como el que está limitado por una semana que podría ser fundamental en su vida o simplemente una más, con sus pequeñas rutinas a veces repetidas (sacar a pasear el perro, tomar una copa siempre en el mismo bar), a veces sutilmente alteradas y a veces sacudidas por pequeñas catástrofes.

Hay de todos modos un triple Paterson en el film. Paterson el personaje, Paterson la ciudad, y Paterson el libro de poemas de William Carlos Williams. No solo porque el libro es citado sino porque la influencia del poeta es palpable tanto en la poética del protagonista, cuyos poemas remiten a la observación de los hechos simples y en apariencia ordinarios, sino también a la poética de la película, en el retrato de la cotidianeidad sin estridencias, la imaginación despertada por la observación de los hechos de la realidad diaria y sus estímulos sensoriales.

Y si el protagonista es todo, Adam Driver realiza una performance notable que es también el motor del film. Con su cuerpo grandote y desgarbado y su rostro un poco extraño, Driver da vida a un personaje tímido, en apariencia poco expresivo y lo dota de vida interior, de matices y de empatía en un juego sutil de placidez y tensión. Aunque también juegan su papel un elenco pequeño pero considerable de personajes secundarios. Por un lado los que rodean a Paterson diariamente, empezando por su esposa con quien mantiene una relación de amor sereno, el dueño del bar que colecciona retratos de personajes que han vivido o pasado por la ciudad, la pareja que está en permanente y público conflicto o el colega chofer que cada día no hace más que enumerar el catálogo de sus desgracias personales. Por otro lado aquellos con los que se va topando casualmente y dejan una estela en el protagonista. Como los pasajeros del autobús cuyos fragmentos de conversación Paterson escucha desde su asiento de conductor o la niña que también escribe poesía. Y por último un personaje no menor que es la ciudad de Paterson, una localidad no muy grande y no muy exuberante, pero a la que Jarmusch se arregla para mostrar en su belleza que claramente no puede sino ser discreta.

Más que un film sobre un poeta, Paterson es un film sobre la poesía de la vida cotidiana. Y también sobre lo extraordinario que se encuentra en esa vida cotidiana. Con historias de gente común (pero no tanto) y sucesos que pueden parecer prosaicos pero que a veces dan lugar a pequeñas epifanías.

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