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El tan esperado regreso de Kim Ki-duk, a los cines argentinos, se concreta con creces. El maestro nos entrega, nuevamente, un episodio inolvidable. El lado oscuro de la humanidad brilla con su eterno y cruel resplandor sobre la gran pantalla.

Casi como si fuera una historia antigua, el inicio del relato nos encuentra con un pescador tirando su precaria red sobre las aguas del rio. Un límite natural, entre ambas coreas, se alza como zona de constante conflicto. Las aguas arremolinadas, también estancas, su flora y fauna nada saben de límites. Son sus habitantes, humildes pescadores y pueblerinos, como también ruidosos y apurados citadinos, quienes encarnan la división como principio ideológico.

Esta historia habla de una herida, donde Kim Ki-duk ejerce una tensión que desarma, asfixiante como el dolor mismo. Dicho ejercicio desgasta, tanto psicológica como físicamente a los personajes, donde increíbles actuaciones hacen de soporte para semejante empresa. El espectador también se encuentra atrapado, en la red, donde todo lentamente perece.

Asistimos al brutal espectáculo, donde el pescador Nam Chul-woo es acusado de “presunto espía comunista”, luego de que un accidente en su bote lo condujera hacia tierras desconocidas. La odisea, de dicho personaje, está marcada bajo el signo de la tragedia. En escala de tensión los escenarios, simples por naturalistas y austeros, ofician de mudos testigos. La interrogación tiene como premisa primera el sometimiento, y en un claro registro kafkiano volvemos a compadecernos del señor K. Atrapado en la rabiosa, y esquizofrénica maquinaria burocrática, solo el retorno al hogar parece ser un posible escape a semejante martirio. Dentro de la red primero se lucha, física y mentalmente, luego la carne cede y solo resta pensar.

Se muestra magistral la reflexión sobre antiguas (pero reales) polaridades, entre lo civilizado y lo bárbaro, la novedad y la tradición, etc. Cine verdaderamente político. Cabalgando la aporía de un pueblo que, en un gesto de extrema incorrección y humanismo, se recuerda ancestralmente unido.

LA RED
Geumul. Corea del Sur, 2016.
Guión, fotografía y dirección: Kim Ki-duk. Intérpretes: Ryoo Seung-bum, Lee Won-gun, Kim Young-min y Choi Guy-hwa. Música: Park Young-min. Edición: Park Min-sun. Duración: 114 minutos.

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