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Mal conocido por estos pagos, el cine de Terence Davies conforma un sólido cuerpo filmográfico con constantes diálogos estéticos entre sus películas, variaciones mínimas y una puesta en escena intransferible y de inmediato reconocimiento. Títulos como El mejor de los recuerdos, La biblia de neón o La casa de la alegría, exhibidos ocasionalmente en cines, festivales, retrospectivas o a través del cable configuran una parte de una obra no tan extensa (solo 12 trabajos hasta hoy entre cortos y largos documentales y ficciones) de un cineasta admirado, en general, por el grueso de la crítica local e internacional.

Basta de palabras correctas: me confieso no fanático del cine de Davies y me ubico a una buena distancia de mis colegas de acá o de otras partes del mundo. No comparto sus desmedidos elogios, el sayo que lo rotula de “maestro” del cine británico, de la sutileza, del lenguaje del cine, de la nostalgia y la melancolía. Ninguna de las películas que vi de Davies me parece descartable, al contrario, cada una de ellas deja material para el análisis y la crítica, para una segunda o tercera visión, para la búsqueda del detalle que reformula una puesta en escena que parece variar pero que en buena medida sigue siendo la de siempre.

Pero hasta ahí: su poder observacional dedicado a retratar el Liverpool de los 50, el rol que ocupa la mujer en determinado período de la historia, el uso esteticista de la música, el culto al detalle escenográfico, la voz en off recurrente hacia la ironía y el sarcasmo, entre otras cuestiones, me pasa por al lado, me resulta indiferente, situándome a una buena distancia de sus reconocidas y transparentes virtudes.

Por ejemplo, la forma en que Fassbinder (el gran Fassbinder), fusiona la literatura y el cine, enviando al melodrama como género a una geografía polar, como lo hace en las dos horas veinte que dura Effi Briest (1974), basada en la novela de Theodor Fontane, me complace mucho más que la mayor de la obra del afamado “creador” inglés.

Una serena pasión es un biopic de autor, el retrato de la vida profesional y privada (corta vida) de Emily Dickinson desde la lupa formal de un director que articula un discurso personal sobre un personaje específico. En efecto, la película construye su mirada ubicándose lejos de las biografías convencionales, eligiendo determinados momentos públicos y privados de la escritora, combinando su amable carácter y verborragia juvenil con su tono más arisco y nihilista en su etapa adulta.

Película de encierro, asfixiante no solo por las decisiones que tomará el personaje a través de los años, sino por una puesta de cámara frontal y supeditada al plano y contraplano académico, el sostén narrativo de Una serena pasión condice a través de sus filosos diálogos, los encuentros y desencuentros de la escritora con su familia y esa permanente búsqueda de la felicidad destinada al fracaso y a la soledad sin retorno.

La Emily Dickinson de Terence Davies no es un personaje unidimensional, sino que está trabajado desde pequeños matices que van conformando una personalidad ambigua, que permite más de una lectura, no solo por su rol de mujer y de escritora que será reconocido post mortém, sino también por las decisiones estéticas del director.

Hacia ese punto es que Davies estimula una visión personal sobre su personaje: recurre a la voz en off (academicismo puro) sustentándose en textos de la escritora, al uso de la elipsis y al tono juguetón de una primera parte que vira hacia una segunda mitad de tonalidad fúnebre relacionada a la soledad del personaje y a la enfermedad que la llevará a la muerte.

Cada plano tiene el rasgo exquisito que caracteriza al cine del director. Cada uno los trabajos actorales (con Cynthia Nixon perfecta en el rol central) funcionan como un impecable mecanismo de relojería. Cada puesta de cámara, de esa cámara contemplativa y sin histerias, encaja con el tono que le desea dar (y consigue con creces) el realizador a su historia y personajes.

Cine perfecto, impecable, de lo más prestigioso dentro de su rubro.

Todo bien. Mientras tanto, sigo prefiriendo al melodrama de tono gélido que describe Fassbinder en su Effi Briest. Vean ambas películas y comparen: es un buen ejercicio.

UNA SERENA PASIÓN
A Quiet Passion. Reino Unido/Bélgica, 2016. Dirección y guión: Terence Davies. Fotografía: Florian Hoffmeister. Montaje: Pia Di Ciaula. Diseño de producción: Merijn Sep. Con: Cynthia Nixon, Jennifer Ehle, Duncan Duff , Keith Carradine. Duración: 125 minutos.

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