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El Festival de Cannes 2017 será seguramente recordado no solo por el número redondo (70 ediciones) sino por la controversia de la que Okja, el último film del coreano Bong Joon-Ho, fue el disparador. Y es una pena porque podría haber quedado en la memoria exactamente por lo contrario, por lo que parecía un movimiento de apertura debido la inclusión de esta película producida por Netflix para ser estrenada en su plataforma, de Wonderstruck de Todd Haynes, producida por Amazon (ambas en competencia) y el estreno en el festival de la nueva temporada de Twin Peaks, como una forma de abrir el juego a nuevas pantallas y el reconocimiento a las nuevas formas de ver cine. Sin embargo esta novedad dio paso rápidamente a la reacción conservadora. Como si los organizadores se hubieran dado cuenta una vez armada la selección, decidieron sobreactuar y anunciaron que cambiaban el reglamento para que a futuro no pueda incluirse en competencia un film que no pase primero por salas comerciales. Una medida anacrónica de la que probablemente se arrepientan y tengan que modificar más temprano que tarde.

Todo esto no empaña el hecho de que es una buena noticia tener una nueva película de Bong Joon-ho, a cuatro años ya de Snowpiercer (2013), su debut en occidente. El realizador se hizo conocido internacionalmente con su tercer film The Host (2006), el único estrenado en nuestro país, ya que los siguiente Mother (2009) y la mencionada Snowpiercer no pasaron ni de cerca por nuestras carteleras aunque pueden conseguirse web mediante. Okja que fue lanzada por Netflix el 28 de Junio está ya disponible en la versión local de la plataforma.

Todo comienza cuando en la corporación Mirando, dirigida y presentada mediáticamente por su CEO Lucy Mirando (Tilda Swinton), crean una especie genéticamente manipulada a la que llaman Super cerdo -aunque tiene más de hipopótamo tamaño médium con orejas de perro- para usarla como alimento masivo y barato. Pero como el origen del simpático animal no es muy vendible, inventan un encuentro fortuito de la especie en Chile, país presuntamente exótico, y crean una campaña a diez años donde envían varios especímenes a granjas alrededor del mundo para ser criados en un ambiente natural. Una de esas granjas queda en las montañas de Corea donde viven Mija (Ahn Seo-hyun) y su abuelo. Mija se cría con Okja, uno de los Super cerdos, y lógicamente se encariña con ella y la adopta como mascota y amiga. Cuando se vence el plazo de la corporación, esta manda una comitiva que declara a Okja el mejor Super cerdo para de inmediato, y distrayendo a la niña, llevársela a Nueva York a iniciar su carrera en la industria alimenticia. Enterada de esto Mija va a cruzar el mundo para buscar y rescatar a Okja. En el medio se va a encontrar con un grupo de activistas por los derechos de los animales que quieren desenmascarar a la Corporación Mirando y se acoplan a Mija en su misión, o más bien tratan de incorporarla a la propia.

Al igual que la mayoría de las películas del realizador coreano, Okja contiene un comentario claramente político y social en medio de un relato de género, con acción y algunos toques de comedia. Esta vez hay una crítica no muy velada al capitalismo y la sociedad de consumo. El blanco principal está dirigido contra la impostura de las nuevas imágenes corporativas, construidas con fachada y mensaje eco-friendly, presuntamente humanista y responsable. Una cara amable para la misma codicia y explotación de siempre, que esconde el rostro feo que siempre está ahí para tomar las riendas, apretar las tuercas y repartir los palazos cuando hace falta, la fachada se cae y la sonrisa ya no es suficiente. “Estos son negocios” formula finalmente esa cara horrible, dando cuenta de que solo puede tratarse con ella en sus mismos términos.

El otro comentario va contra la explotación animal, en particular en la industria alimentaria. Y en este retrato Bong Joon-ho no es tímido y va a fondo, con ánimo militante, sin temor al mensaje contundente y las imágenes duras. Sus simpatías se perciben en la representación en parte ambigua de los miembros del Frente de Liberación Animal, que por un lado pueden ser infantiles y ridículos y lo bastante oportunistas como para tratar de aprovechar la situación de la Mija para imponer su agenda, pero su vez en el trascurso del relato humanizarse y expresar una empatía verdadera por la niña y su mascota/amiga, lo que contribuye a que su causa se legitime.

Con una influencia notoria del cine de Hayao Miyazaki (Mi vecino Totoro a la cabeza), el film mezcla el mensaje político con un tono de fábula infantil con fondo humanista, secuencias de acción vertiginosa, momentos visualmente espectaculares que son propios del realizador y escenas y atmósferas, como las del tramo final, duras y agobiantes. La relación de Mija y Okja, su amor incondicional, es lo que está en el centro del relato y como es lógico este tiende a lo emotivo pero sin desbordarse. El realizador no se rinde a la tentación del golpe bajo y la búsqueda de la lagrima fácil como otros podrían y seguramente habrían hecho de haber estado en su lugar.

Bong Joon-ho no tiene miedo de bajar línea, pero no pierde de vista el cine y vuelve a entregar una obra la vez disfrutable y contundente. No es un realizador tan prolífico como otros de sus compatriotas, pero es uno de los más consistentes. La solidez de su obra es prueba de que, a pesar de la miopía de una industria temerosa y conservadora, ya sea en la pantalla grande o en un monitor, en las salas comerciales o en plataformas de internet, las buenas historias y los grandes autores se imponen y trascienden.

OKJA
Okja. Corea del sur, Estados Unidos. 2017.
Dirección: Bong Joon-ho. Intérpretes: Ahn Seo Hyun, Tilda Swinton, Jake Gyllenhaal, Paul Dano, Devon Bostick, Lily Collins, Steven Yeun. Guión: Bong Joon-ho. Fotografía: Darius Khondji. Música: Jaeil Jung. Edición: Meeyeon Han, Yang Jinmo, Jin-mo Yang. Duración: 118 minutos.

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